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Lucas 18:1-14
18:1 También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar,18:2 diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre.
18:3 Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario.
18:4 Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre,
18:5 sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia.
18:6 Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto.
18:7 ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?
18:8 Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?
18:9 A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola:
18:10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano.
18:11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;
18:12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.
18:13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.
18:14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
LA ORACIÓN PERSEVERANTE Y HUMILDE
Hola hermanos, buen día. Sean todos bienvenidos. Qué bendición poder estar de nuevo meditando junto a ustedes en un pasaje bíblico.
Leamos V.C. 1 "También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar,".
Desde hace más de un año hemos estado orando juntos y de forma perseverante por un tópico, que Dios tenga misericordia y nos libre del virus covid-19. Pero este jueves recibimos la noticia que Argentina volverá al confinamiento estricto durante nueve días para combatir la segunda ola de coronavirus, que ha colocado al país como uno de los que registra más muertes por millón de habitantes en el mundo. El anuncio lo hizo el presidente de la nación diciendo: "Estamos atravesando el peor momento desde que comenzó la pandemia". ¿Qué vamos a hacer nosotros? ¿Vamos a dejar de orar o vamos a perseverar esperando el tiempo perfecto y la misericordia de Dios? Vamos a hacer lo segundo sin dudar, amén. Y vamos a cuidarnos.
En la última parte del mensaje de la semana pasada aprendimos cómo será el día en que Jesús se manifieste por segunda vez entre nosotros. La gente estará enfocada en las 5 o 10 cosas que podemos hacer rutinariamente en este mundo para supervivir: comprar, vender, trabajar, plantar, edificar, etc. Estas son cosas que no están mal, el problema será el apego y la entrega a eso como si lo fuera todo, en esas circunstancias vendrá repentinamente el Señor y algunos que estén dispuestos a perder este tipo de vida enfocado solo en sí mismos y esta tierra, serán salvados. Nuestro enfoque de la vida debe ampliarse y cambiar a una vida de dependencia de Dios y esperanza en Jesús. Debemos estar preparados siempre, la forma de hacerlo es orar sin desmayar. En Lucas 22:36 el Señor dijo: “Estén siempre vigilantes, y oren para que puedan escapar de todo lo que está por suceder, y presentarse delante del Hijo del hombre».” Amén. Oro, que con el mensaje de hoy nosotros podamos tener la actitud correcta al orar, mientras esperamos al Señor, una actitud perseverante y humilde.
- ORAR SIEMPRE Y NO DESMAYAR
Vamos a leer el verso clave y meditar juntos en él, vr 1. "También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar,"
Esta es una introducción de lo que será la parábola que Jesús les iba a enseñar a sus discípulos y, directa o indirectamente a los fariseos y demás judíos. Al observar me salta este esquema: (Necesidad de: 1. Orar 2. No desmayar). Estos días hemos estudiado de manera general el tópico de la oración con los candidatos a discípulos, lo primero que hice fue preguntarles a todos qué es para ellos Orar, todos dijeron cosas muy similares en torno a tener una comunicación sincera con Dios que incluya peticiones por nosotros y por otros, agradecimiento y exaltación del nombre de Jesús, pero que también incluya exponer nuestro verdadero ser interior ante Dios y arrepentirnos de nuestros pecados, además de una batalla espiritual constante. La verdad me contentó mucho lo clara que la tienen. Oro que podamos practicar una oración de calidad ante Dios. Y, mi oración por esto se hace más fuerte cuando observo que Jesús dijo que orar es una necesidad. Aquí, la palabra necesidad en el original, implica que es algo casi obligatorio o muuy conveniente para nosotros, una cuestión de vida o muerte. Pero eh José ¿Es para tanto? Miremos esta palabra de 1 P. 5:8-9 8 Sean prudentes y manténganse atentos, porque su enemigo es el diablo, y él anda como un león rugiente, buscando a quien devorar. Se escuchó bien no? DEVORAR, masticar lo más rápido y violentamente posible hasta tragar. Mi mamá decía que yo no comía, yo devoraba la comida, jaja. Devorar a los humanos implica hacer sufrir, destruir, matar, engañar, sacar de la fe, meterte en el camino de la muerte, sembrar queja, desconfianza, insatisfacción, etc… y si no nos mantenemos atentos y despiertos en oración nos convertimos en débiles y presas fáciles.
Algunos podríamos caer en la trampa de hacer, solo, cortas y superficiales oraciones y no tener un tiempo de calidad y comunión profunda con Dios y su palabra. Un tiempo para recibir dirección y fortaleza, esto es la batalla espiritual, esto es necesario si queremos vencer. Creo que todos hemos experimentado esta Necesidad de orar, cuando tenemos problemas y no sabemos qué hacer, pero también cuando nos damos cuenta que el día que no oramos somos más débiles, más vulnerables a caer en la tentación, a mirar más de la cuenta lo que no debemos, esos días, usualmente son recordados como aquellos donde explotó nuestro mal carácter, con nuestro cónyuge, hijos, compañeros. Cuando no oramos también somos más negativos o incrédulos en las situaciones que debemos enfrentar, o por ahí perdemos el temor a Dios. Etc.
Hermanos, es el deseo y la voluntad de Dios que oremos, pero no es Su necesidad, él no va a ser más Dios por nuestra oración, somos nosotros los que necesitamos orar y estar preparados, es convenientemente obligatorio para nosotros tener una relación cercana y constante con nuestro Dios a través de la oración. Amén.
Lo segundo que es necesario es no desmayar en el intento, otras versiones dicen, no darnos por vencidos, no desanimarnos. Yo le comentaba a los chicos que me he dado cuenta que, aunque parezca difícil de creer porque no tendría mucho sentido, una de las primeras cosas que hacemos, por cualquier razón, es dejar de orar, siempre, fácilmente, si hoy está nublado me pongo nostálgico y no oro. Suena medio chistoso pero pasa eh. Hay más razones que he venido escuchando de ustedes desde el martes, por ejemplo: a algunos se les apaga la emoción inicial, al principio, si, gloria a Dios, aleluya, y oración profunda, pero se apaga y desanima por la rutina. Pero también, algunos se enfocan mucho en sus problemas, en resolverlos con su fuerzas y entonces aumenta su autoconfianza, su independencia de Dios, no le queda tiempo o no lo aparta para poder perseverar en oración, o se cansan física y mentalmente de tantas tareas y preocupaciones, y se van a descansar un día tras otro sin buscar a su Señor. Un hermano me decía que ha desmayado en la oración diciendo: “Que pase lo que tenga que pasar”, como si se resigna y no le encuentra sentido a la oración, de alguna manera podemos dejar de orar por incredulidad. A veces caemos en esta incredulidad cuando pasa mucho tiempo, según nuestro calendario, y no vemos la respuesta de Dios, no esperamos el tiempo perfecto que Dios ha establecido para darnos una respuesta, pero también a veces ya nos dio respuesta y No la queremos aceptar, siempre queremos escuchar que Dios me va a conceder lo que le pedí o si no tendemos alejarnos con un corazón rebelde.
También solemos desmayar por nuestros pecados, recuerdo una vez que tenía un pecado oculto, y no lo quería dejar, entonces con cobardía no le daba la cara a Dios porque sabía lo que me iba a decir, porque sabía que debía arrepentirme. El pecado nos aleja de la oración, ya sea por autocondena, por vergüenza o por negación a dejar el pecado.
En otras ocasiones me ha pasado que dejo de orar después de una victoria, cuando siento que todo va marchando bien, entonces tiendo a relajarme, e incluso a enfocarme más en las cosas de este mundo y más me alejo de la oración. He escuchado que a ustedes también les puede pasar.
Como les dije antes, hay muchas ocasiones posibles en las que solemos darnos por vencidos, y no persistimos en oración.
En la primera parábola de hoy aprendemos la persistencia a pesar de las adversidades de una viuda ante un juez injusto.
Leamos juntos los 2-5 diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia.
El juez es la máxima autoridad de un tribunal de justicia, y su principal función es administrar justicia, en algún caso que requiera una decisión recta y objetiva. Un buen juez mantiene la paz de su pueblo en la medida que evita la impunidad. Por eso, debería ser una persona digna y muy respetable, sin embargo, este juez probablemente había sido colocado por el imperio romano y a él no le importaba en lo más mínimo el pueblo, ni los débiles, ni temía a Dios, probablemente era corrupto y muy malo. Por su parte, las viudas de la época eran mujeres vulnerables, débiles, desamparadas, seguramente ésta no tenía dinero para pagar un abogado, tal vez su petición tuviera que ver con la muerte de su esposo o con algún asunto financiero, pero ya estaba sufriendo lo suficiente con su duelo, además debía enfrentar a un juez inmisericorde e injusto. A pesar de todas estas adversidades, esta mujer mostró un carácter firme y constante, ella decía una y otra vez: “Hazme justicia de mi adversario”, a lo mejor el juez jugaba a la escondidas, llegaba calladito y entraba por la puerta trasera para no conseguirse a la viuda, pero ella le aparecía como un fantasma detrás de la puerta, en todas partes y a toda hora diciendo: “hazme justicia de mi adversario” ella podía haber puesto sus ojos en lo imposible que sería obtener justicia y darse por vencida, pero sin duda su causa era justa, y se aferró a ello, y a pesar que al juez no le interesaba, la persistencia de la viuda le dio la victoria, no por misericordia, sino por cansancio e impaciencia, el juez le hizo justicia. Aprendemos lo importante que es superar las adversidades externas, a superar las tentaciones de la carne, y aún los obstáculos internos (emocionales y espirituales), para poder perseverar hasta el fin y vencer. No se trata solo de esperar pasivamente, con oraciones rutinarias y repetidas, va a haber oposición, que deberemos superar, a veces clamando y llorando, de lo que estamos hablando es de una perseverancia activa y dinámica. Amén.
¿Qué nos enseña el Señor de esta parábola? Leamos los versículos 6-8 Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? 8 Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?
Nosotros estamos en la posición de la viuda ante nuestro juez que es Dios, nuestra confianza es que si oramos conforme a su voluntad Dios nos oye, si nuestro clamor es justo nunca debemos desmayar ni darnos por vencidos en nuestra petición. A veces pasa que no recibimos porque pedimos mal, para nuestros deleites, como dice la biblia. Pero, a diferencia del juez injusto, nuestro Dios es justo, ama la justicia, ama a su pueblo y es misericordioso.
Salmos 33:5 El ama justicia y juicio; De la misericordia de Jehová está llena la tierra. Alguno se podría preguntar, pero si Dios ama la justicia por qué no nos castiga si somos tan pecadores? Es porque Dios también es grande en misericordia, e hizo justicia por nuestra deuda enviando a Jesús a morir en nuestro lugar, Jesús es nuestra justicia, Jesús es también nuestro abogado intercesor. Nosotros nunca debemos dudar de nuestro buen juez que es Dios, él no es como este juez que se deleita en la injusticia o en el sufrimiento de su pueblo. Cada día podemos ir con toda confianza a recibir el perdón y presentar nuestras peticiones, gracias a Jesús esto es justo hacerlo. 1 Juan 1:9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Cuando nos presentamos sucios ante Dios, él ve a Jesús santo y perfecto, y hace justicia, nos perdona, la sangre de Jesús nos limpia de toda maldad. Amén, gloria a Dios.
Hay muchos y preciosos ejemplos de perseverancia en la oración. Muchos ahora están orando por la conversión de su pareja o un familiar, o están orando por un nuevo empleo por mucho tiempo, otros oran por un nuevo lugar para vivir, otros oran por salir de un país, otros claman todos los días a Dios que los ayude a aprobar las materias, o para dominar un nuevo idioma, otros oran persistentemente por la sanación física de un familiar enfermo, otros oran por establecer su matrimonio, su familia con un buen hombre o mujer de fe, también por la restauración matrimonial, otros oran por una oveja perdida o rebelde, o por servir a Dios de la mejor manera, otros han orado por años para tener un bebé, recordamos el testimonio que nos dio el misionero Timoteo Han en el 4to foro en línea en español. Él nos contó que desde que llegó a Brasil comenzaron a orar por un hijo, ellos pensaban que sería fácil como a cualquier otra familia. Pero pasaron meses y años, y nada, se comparaban con otras familias y era difícil no perder la fe. Pero ellos perseveraron activamente, creciendo en el Señor, tanto humana como espiritualmente, dedicando su juventud y libertad para servir a Jesús, y persistiendo en oración, así después de 8 años, conforme a la voluntad de Dios, nació su primer hijo Juan bautista, y luego dos más. Gloria a Dios. Ellos fueron constantes en oración, superando adversidades internas, y en el tiempo perfecto recibieron la respuesta de Dios, luego de recibir profundas enseñanzas en el entrenamiento. Gloria a nuestro buen Dios. Amén
Yo también he notado a través de mi hija que los niños son muy persistentes en la oración, mi hija Estefy tiene tópicos desde hace bastante tiempo, Dios le ha respondido muchos, y no abandona los antiguos, dentro de los que hay algunos que yo si abandoné por incredulidad, a veces me hace arrepentirme y pensar que de verdad Dios la va a escuchar. Amén
Dios dijo en Jeremías 33:3 Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. Hermanos, solo los que oran pueden experimentar la respuesta del Dios vivo. Oro que tengamos esta actitud de clamar perseverantemente y con toda dependencia de Dios, con confianza en la respuesta de Dios, en todo tiempo y circunstancia. Amén.
- EL QUE SE HUMILLA SERÁ EXALTADO
Finalmente, me gustaría resumir una importante y fundamental enseñanza sobre otra actitud que debemos tener, en cualquier momento, pero en especial durante nuestra oración.
Jesús dirigió esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos como justos, a esos que acostumbraban despreciar a los demás y se consideraban muy buenas.
Dos hombres fueron al templo a orar. Uno de ellos era fariseo y el otro era cobrador de impuestos. El fariseo era un hombre lleno de prestigio y religiosidad, con mucho conocimiento y respeto del pueblo, debía ser un representante de Dios ante otros. Por su lado, el otro hombre era considerado un pecador público, alguien a quien nadie respetaba sino odiaban por traidor, corrupto, vende patria, lleno de maldad e inmisericorde. Para cobrar impuestos solía quitar lo poco que tenían los pobres y cobrar recompensas adicionales.
11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.
La oración de este hombre se muestra egoísta y orgullosa. Se jactaba ante Dios por sus buenas obras. En lo malo que no hacía y en lo bueno que si hacía. La lucha era buena, el problema era su corazón orgulloso. El se consideraba justo en su propia justicia. Pero Jesús dijo que él no ha venido a llamar a justos (que se consideran justos) sino a los pecadores al arrepentimiento. No ha venido a sanar a los que están sanos (o se creen sanos) sino a los enfermos espirituales como nosotros. Rom. 3:10 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; ninguno de nosotros es justo, sino todos somos pecadores, con la oportunidad de ser justificados si nos arrepentimos en una oración humilde.
El gran pecador público oraba así: 13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Este hombre, de alguna manera se dio cuenta de su pecado y sus consecuencias, se consideraba indigno ante Dios, y tenía dolor por su pecado, golpeándose el pecho y orando con humildad: Señor ten misericordia de mí pecador, él sabía del castigo que merecía y clamaba la compasión de Dios.
Ambos hombres presentaron en oración lo que consideraban era su ser interior. Según la biblia, ambos eran grandes pecadores. Pero solo uno oro con corazón contrito y humillado, y Dios no rechaza este corazón. Jesús termina diciendo que el publicano volvió justificado a su casa primero que el fariseo, volvió perdonado.
Concluyo como lo hizo Jesús. Versículo 14b porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
Somos enaltecidos, usados por Dios y agradables a sus ojos cuando oramos con corazón humillado, reconociendo con humildad y sinceridad nuestra verdadera condición interna, ahí somos perdonados. Oro que podamos llevar una vida de oración en la que constantemente expongamos nuestro ser ante Dios y nos arrepintamos de nuestros pecados.
A través del pasaje de hoy, Jesús quiere alentarnos a que cada uno de nosotros lleve una vida de oración persistente y humilde. Oro que de ahora en más luchemos para superar todas las adversidades internas y externas, y así, ser perseverantes en la oración, con confianza en nuestro buen Dios. Amén.
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M. Esteban Cho (BO)
( 18 de diciembre de 2020 )
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