Efesios 5:8-20

5:8 Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz
5:9 (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad),
5:10 comprobando lo que es agradable al Señor.
5:11 Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas;
5:12 porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto.
5:13 Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo.
5:14 Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo.
5:15 Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,
5:16 aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.
5:17 Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.
5:18 No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu,
5:19 hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones;
5:20 dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

ANDAD COMO HIJOS DE LUZ


Buenos días. La semana pasada aprendimos que debemos ser imitadores de Dios como hijos amados. No existe para el cristiano una meta más desafiante y preciosa que llegar a ser como su Dios, Padre y Señor. Debemos erradicar los hábitos pecaminosos que practicábamos antes de conocer a Jesús y llevar en nosotros la imagen de Dios. ¡Debemos ser imitadores de Dios! ¡Debemos llegar a ser como el Dios santo, amoroso, justo y veraz! Oro para que podamos abandonar todos nuestros hábitos pecaminosos, andando en amor y santidad y creciendo en la imagen que Dios nos ha dado en el nuevo hombre. Amén.

En el pasaje bíblico de hoy Pablo continúa con su exhortación a ser imitadores de Dios, ahora con relación a la verdad. La luz representa la verdad y la rectitud, y se contrasta aquí con las tinieblas que representan la ignorancia, el error y la maldad. Siendo hijos de Dios amados, y siendo Él luz (1Jn. 1:5), entonces debemos andar como hijos de luz. Yo oro para que a través del mensaje de hoy podamos aprender a andar como hijos de luz, discerniendo lo que es agradable al Señor, y reprendiendo con nuestra forma de vivir las obras infructuosas de las tinieblas. Que podamos aprovechar bien el tiempo, siendo llenos del Espíritu Santo y alabando y glorificando a Dios en todo tiempo con nuestras vidas. Amén.

I.- Andad como hijos de luz (8-14)

Miren el v.8. El apóstol Pablo continúa con su exhortación a no continuar viviendo como antes lo hacíamos, sino a cambiar radicalmente nuestro estilo de vida. Y ahora apela a lo que antes éramos y a lo que somos ahora. Antes éramos tinieblas y ahora somos luz en el Señor. Todo este párrafo juega con el rico simbolismo de las tinieblas y la luz. Las “tinieblas” representan ignorancia, error y maldad; la “luz” representa la verdad y la rectitud. Antes éramos tinieblas, pero ahora somos luz en el Señor. Fíjense que no dice que antes estábamos en oscuridad y que ahora estamos en luz, aunque esta imagen también se utiliza mucho en el NT, pero lo que Pablo escribe aquí es más sorprendente todavía: los creyentes antes éramos tinieblas pero ahora somos luz. Nuestras vidas y no sólo nuestras circunstancias han cambiado de las tinieblas a la luz. Y esta transformación radical ha tenido lugar “en el Señor”, es decir, gracias a nuestra unión con Aquel que es la luz del mundo (Jn. 8:12).

Así que, como hemos llegado a ser “luz en el Señor”, debemos vivir como hijos de luz. Nuestra conducta debe estar de acuerdo con nuestra nueva identidad. Debemos irradiar la luz que somos, y debe notarse en nuestra conducta. Así lo ordena el propio Jesús: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” (Mt. 5:16). Entonces, ser luz implica que nuestra forma de vida, y no solamente nuestras palabras, debe irradiar luz. ¿Cómo podemos hacer esto? Es justamente lo que el apóstol Pablo explica en este pasaje bíblico. 

Miren el v.9. Aquí podemos ver que la vida de un hijo de luz es una vida radiante en toda bondad, justicia y verdad, porque estas cosas son frutos de la luz. La versión RVR60 dice que son fruto del Espíritu siguiendo algunos manuscritos que dicen estas palabras, quizás porque los copistas pensaban en el fruto del Espíritu de Gál. 5:22 cuando copiaban aquí. Pero en otros manuscritos dice “fruto de la luz”, como traduce LBLA, y esa sería la variante correcta aquí por el contexto. Entonces, lo que Pablo está diciendo aquí es que si somos hijos de luz, los frutos que deben mostrarse en nuestras vidas son: bondad, hacer bien a todos y ser generosos sin importar lo que nos hagan, así como lo hace nuestro Dios; justicia, vivir en la correcta relación con Dios, obedeciendo su Palabra; y verdad, siendo honestos en nuestras palabras y en toda nuestra forma de vivir. Así podemos llegar a ser imitadores de Dios en la verdad.

Entonces andar como hijos de luz significa hacer el bien a todos y ser generosos en todo tiempo. Vivir obedeciendo la Palabra de Dios siempre y teniendo la correcta relación con Él, lo que implica estudiar continuamente la Biblia y aplicarla en nuestras vidas cada día, así como tener una vida de constante oración. Y hablar siempre la verdad, ser honestos en nuestras palabras e íntegros en nuestras vidas. Y esto debe hacerse todos los días de la semana, no solamente los domingos. Es un trabajo de 365 días al año, 24 horas al día, 60 minutos en cada hora y 60 segundos en cada minuto. ¿Estamos andando como hijos de luz? ¿Somos luz como Dios o andamos unas horas en luz y otras en tinieblas? El Señor tenga misericordia de nosotros para que podamos andar verdaderamente como hijos de luz.  

A pesar de que la traducción del v.9 aquí en la RVR60 no es del todo correcta, sí nos enseña una verdad interesante. El fruto de la luz no viene de nosotros mismos, sino del Espíritu Santo. Nosotros éramos tinieblas y de las tinieblas no se genera ningún tipo de luz. La luz que hay en nosotros viene de Dios Padre que puso su Espíritu Santo en nosotros gracias a nuestra unión con Jesucristo en su muerte y resurrección. Así que la única forma en la que podemos andar como hijos de luz, es dejando que el Espíritu Santo resplandezca en nuestras vidas y eso viene por hacer lo que es agradable al Señor conforme a lo que nos dice el siguiente versículo.

Miren el v.10. Para poder vivir como hijos de luz, debemos comprobar o discernir lo que es agradable al Señor. Y la única manera de hacer eso es estudiando profundamente la Biblia. Allí dice lo que es agradable al Señor. Esa es la razón por la cual nuestro ministerio se enfoca tanto en el estudio bíblico. Cada día tenemos el Pan Diario para escudriñar las Escrituras. Cada semana tenemos uno o dos estudios bíblicos que nos permiten profundizar la Biblia. Y cada domingo tenemos el mensaje dominical para escuchar el consejo de Dios en Su Palabra. Y cada uno de nosotros debería tener sus lecturas privadas de la Biblia. Teniendo tanta Palabra de Dios en nuestros corazones y mentes podemos comprobar o discernir lo que es agradable al Señor en nuestras vidas y lo que no. Aunque esto tampoco viene de nosotros, sino del Espíritu Santo que mora en nosotros. Así que dediquemos mucho tiempo a aprender la voluntad de Dios a través de la Biblia y de la oración y andemos como hijos de luz haciendo lo que es agradable a nuestro Padre Celestial. Amén.

Miren ahora los vv. 11-12. Siendo ahora hijos de luz y sabiendo lo que agrada al Señor, no podemos participar de las obras infructuosas de las tinieblas. Ellas deben haber quedado en nuestro oscuro pasado. Mientras que la luz produce el fruto de la bondad y la verdad, las obras de las tinieblas son infructuosas, improductivas, estériles; no tienen resultados beneficiosos. Así que no debemos participar de ellas, sino más bien, reprenderlas. Pero reprender las obras infructuosas de las tinieblas no significa andar por allí “reprendiendo al diablo”, regañando a la gente que anda en pecado o señalándoles su pecado. Sino, alumbrándoles con nuestras buenas obras y con esto ellos mismos son reprendidos.

Muchos cristianos se la pasan reprendiendo, regañando y predicando la Palabra de Dios a otros, pero cuando vemos su vida, no podemos verlos practicando lo que predican. Eso no es andar como hijo de luz. Un verdadero hijo de luz no necesita abrir su boca para que se sepa que es cristiano. No necesita abrir su boca para que el pecador se sienta incómodo con su pecado delante de él. Su vida y sus obras hablan más alto que sus palabras. Los pecadores no querrán pecar ni hablar del pecado cerca de un hijo de luz porque se sentirán reprendidos. Los pecadores querrán arrepentirse y convertirse al Señor al ver la vida de un hijo de luz. ¿Eres tú un hijo de luz así? ¿Se avergüenza la gente de pecar o de hablar de pecado junto a ti? ¿Las personas a tu alrededor quieren conocer a Jesús al ver tu vida? Oremos continuamente para andar como los hijos de luz que reprenden las obras infructuosas de las tinieblas. Amén.

Miren ahora los vv. 13-14. Cuando entramos en una habitación oscura lo primero que buscamos hacer es encender la luz para que se revele lo que hay en la habitación y no andemos dando tumbos dentro de ella. Esa es la obra de la luz, pone todas las cosas en evidencia. Manifiesta todo. Cuando encendemos la luz en una cocina sucia, las cucarachas y las ratas salen corriendo a esconderse porque no quieren ser descubiertas. Así lo expresó Jesús a Nicodemo: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.”(Jn. 3:19-21). Cuando Jesús es manifestado por medio del evangelio, los pecadores que aman más a su pecado que a Dios salen corriendo a esconderse porque no quieren que sus obras sean reprendidas. Ellos quieren seguir pecando cómodamente en la oscuridad. Pero, los pecadores que quieren amar a Dios, traen sus pecados a la luz, y aceptan la reprensión con arrepentimiento. 

Entonces, andar como hijo de luz también significa traer tu pecado oculto a Jesús para que sea reprendido. Cuando el apóstol Juan habla acerca de la naturaleza luminosa de Dios en 1Jn. 1:5-7, continúa diciendo: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1 Jn. 1:8-9). Aquí él estaba hablando a los creyentes, no a los inconversos. Andar como hijos de luz no significa que ya no vamos a pecar nunca más, esto es imposible mientras estemos en esta Tierra, pero significa que siempre vamos a andar en la luz para que nuestros pecados sean manifestados y reprendidos, y podamos arrepentirnos ante Dios y ser limpiados de toda maldad.

El v.14 es la conclusión natural de este tema. Pablo cierra su argumento citando, como lo sugieren muchos comentaristas modernos, un extracto de un himno bautismal o pascual: “Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.” Aquí se describe gráficamente nuestra primera condición en Adán, en términos de sueño, muerte y oscuridad. De todo ello nos rescata Cristo. La conversión es nada menos que despertarnos del sueño, levantarnos de entre los muertos y ser traídos fuera de la oscuridad a la luz de Cristo. ¡Entonces debemos vivir a la luz de Cristo, debemos andar como hijos de luz! 

II.- Andad como sabios (15-20)

Miren el v.15. El pequeño párrafo siguiente de Pablo se basa en dos supuestos: primero, que los cristianos son gente sabia, no necia; y segundo, que la sabiduría cristiana es práctica, porque nos enseña cómo comportarnos. Pablo usa a lo largo de esta carta el concepto hebreo de “andar”. Nuestro andar o comportamiento cristiano, ha escrito Pablo, ya no debe estar de acuerdo con el del mundo, la carne y el diablo (2:1–3), ni con el de los paganos (4:17). En lugar de ello, debe ser “digno” del llamamiento de Dios, “como hijos amados”, y “como hijos de luz” (4:1; 5:1; 5:8). 

Ahora añade una exhortación más general para que nos comportemos como la gente sabia que él confía que somos: mirando con diligencia cómo andamos. Como cristianos debemos preocuparnos acerca de nuestra vida cristiana. Debemos tratarla con la seriedad que merece. “Tengan cuidado de cómo se comportan. Vivan como gente que piensa lo que hace, y no como tontos.” (TLA). ¿Cuáles son, pues, las características de las personas sabias que dan importancia a su discipulado cristiano?

Primero, la gente sabia vive aprovechando bien el tiempo. Miren el v.16. Este versículo dice mucho más de lo que se ve a simple vista. La palabra griega que se traduce aquí como “aprovechando” es exagorázo que puede significar “redimir” o “comprar totalmente” y aquí se utiliza para significar “rescatar el tiempo de su esclavitud del mal”. Por otro lado, la palabra griega que se traduce aquí como “tiempo” es kairós, que se refiere a un momento oportuno o apropiado. Por lo tanto, lo que Pablo está diciendo aquí es que los cristianos como gente sabia rescatan, aprovechando al máximo, las oportunidades que Dios les da mientras viven en este mundo de maldad.

Las personas sabias saben que el tiempo es un bien precioso. Todos tenemos la misma cantidad de tiempo a nuestra disposición, son sesenta minutos en cada hora y veinticuatro horas cada día. Ninguno de nosotros puede estirar el tiempo. Pero los sabios pueden utilizarlo sacándole la máxima ventaja. Saben que el tiempo pasa y que los días son malos. Así que aprovechan cada oportunidad que pasa mientras aún la tienen. Porque una vez que ha pasado ni siquiera los sabios pueden recuperarla. Un bello poema dice: “Perdidas, ayer, en algún momento entre el amanecer y el atardecer, dos horas de oro, cada una engarzada con sesenta minutos de diamante. No se ofrece recompensa, porque se han ido para siempre.” Seamos sabios para que no añoremos esas horas de oro engarzadas con minutos de diamante de cualquier día de nuestras vidas. 

En contraste, Jonathan Edwards, el teólogo-filósofo que fue instrumento de Dios en el “Gran Avivamiento” de los Estados Unidos en 1734–35, escribió en una de sus famosas Resoluciones, precisamente antes de cumplir 20 años: “Resuelto: No perder nunca un momento de tiempo, sino utilizarlo de la manera más beneficiosa posible.” Dios nos dé a nosotros también tal resolución y que nos utilice para un gran avivamiento en Panamá. Amén.

Segundo, los sabios entienden cuál es la voluntad de Dios. Miren el v.17. Los insensatos son aquellos que hacen su propia voluntad, pues la sabiduría se encuentra en la voluntad de Dios y en ningún otro lado. Por tanto, no sean insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. Jesús mismo oró: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc. 22:42), y nos enseñó a orar: “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” (Mt. 6:10). Nada es más importante en la vida que descubrir y hacer la voluntad de Dios. 

Más adelante, en el proceso de descubrirla, es esencial distinguir entre su voluntad general y particular. La voluntad general de Dios se refiere a la voluntad revelada para su pueblo y es la misma para todos nosotros, por ejemplo, que Dios desea hacernos como Cristo y que todos prediquemos el evangelio. Su voluntad particular, sin embargo, se extiende a las particularidades de nuestra vida y es diferente para cada uno, por ejemplo qué carrera seguir, si debemos casarnos y con quién. La voluntad general de Dios está en las Escrituras, ha sido completamente revelada en la Palabra de Dios. Pero no encontraremos Su voluntad particular para nosotros en las Escrituras, aunque podemos hallar en ellas principios generales que nos guiarán, y nos harán sentir seguros. Pero las decisiones detalladas tienen que tomarse después de pensar y orar cuidadosamente y buscar el consejo de los creyentes maduros y experimentados, como nuestros pastores. Una de las misiones que Dios les ha dado a los pastores es ayudar a cada una de las ovejas de su rebaño a descubrir y obedecer la voluntad particular de Dios para su vida. Así que es sabio escuchar el consejo de nuestros pastores también antes de tomar una gran decisión en nuestras vidas.

La conclusión de este pasaje bíblico resulta muy interesante pues parece que no tiene mucha relación con el tema que se está tratando. Sin embargo, el apóstol Pablo presenta aquí la comunión cristiana como una evidencia del andar como hijos de luz. Y muestra la necesidad del Espíritu Santo para poder andar como hijos de luz.

Miren el v.18. El apóstol comienza trazando cierta comparación entre la embriaguez y la plenitud del Espíritu Santo: “No se emborrachen con vino… Al contrario sean llenos del Espíritu.” Es cierto que hay una similitud superficial entre las dos condiciones. Una persona embriagada, decimos que está “bajo la influencia del alcohol”; y un cristiano lleno del Espíritu está bajo su influencia y poder. También, el alcohol o el vino alegra el corazón del hombre (Sal. 104:15), pero con una alegría temporal; mientras que el Espíritu Santo nos llena del gozo verdadero (Gál. 5:22). Por otro lado, el alcohol desinhibe nuestro ser pecaminoso para que hable y actúe con la libertad que no le damos en nuestra sobriedad; mientras que el Espíritu Santo despierta nuestro ser espiritual para hablar y hacer la voluntad de Dios que no podemos hacer en nuestra condición natural. 

 Pero allí termina la comparación y comienza el contraste. Hay una tendencia errada a suponer que estar lleno del Espíritu Santo es una clase de embriaguez en la que perdemos control de nosotros mismos. Sin embargo, en Gál. 5:22–23 se establece claramente que la “templanza” o dominio propio (enkrateia, en griego) es la cualidad final del “fruto del Espíritu”. Bajo la influencia del Espíritu Santo no perdemos el control, lo ganamos. Podemos controlar nuestro ser pecaminoso y obedecer la voluntad de Dios. Por eso necesitamos ser llenos del Espíritu Santo para andar como hijos de luz.

Y estar llenos del Espíritu también nos ayuda en nuestra comunión con Dios y con los hermanos y en nuestra alabanza a Dios. Miren los vv. 19-20. Esto no significa que si estamos llenos del Espíritu, debemos dejar de hablarnos unos a otros y comenzar a cantar. Nuestra vida se va a convertir en un gran musical. No, aquí hace referencia a la comunión cristiana, y la mención de salmos, himnos y canciones espirituales indica que el contexto es la adoración pública. Cuando los cristianos se reúnen, les gusta cantar, tanto a Dios como unos a otros. En mi temprana juventud en la iglesia, los hermanos nos reuníamos en las casas o en la iglesia misma a conversar y a cantar mucho. Pasábamos el tiempo practicando canciones y adorando juntos a Dios. Son hermosos recuerdos que atesoro en mi corazón. Oro para que en nuestro ministerio también podamos reunirnos nuevamente y adorar a nuestro Dios. Y que el Señor levante adoradores en nuestro ministerio que puedan dirigir las alabanzas de Su pueblo. Amén.

El v.20 concluye diciendo que debemos dar gracias a Dios siempre por todo. No importa la situación que estemos atravesando en nuestras vidas, debemos dar gracias a Dios siempre, sabiendo que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien (Rom. 8:28). Esto significa que nuestro gozo y nuestra confianza no vienen de nuestras circunstancias sino de saber que Dios es bueno y que Él está a nuestro lado cada día de nuestras vidas gracias a la obra que Jesucristo hizo por nosotros muriendo en la cruz por nuestros pecados. Así que la adoración, la comunión cristianas y el agradecimiento continuo, son evidencias también que andamos como hijos de luz.

En conclusión, andar como hijos de luz significa andar en bondad, justicia y verdad. Siendo buenos y generosos siempre, teniendo la correcta relación con Dios, por medio de obedecer Su Palabra cada día de nuestras vidas. Cuando vivimos así, reprendemos las tinieblas no solo de nuestro interior, sino de quienes nos rodean también. Los hijos de luz, cuidan diligentemente su comportamiento para adecuarlo a la voluntad de Dios. Están examinando frecuentemente su vida contra la Palabra y arrepintiéndose continuamente. Son sabios aprovechando toda oportunidad que Dios les da para predicar el evangelio con sus acciones y palabras, y aprovechando el tiempo al máximo para servir al Señor mientras está en esta Tierra. Los hijos de luz están llenos del Espíritu Santo y viven adorando a Dios y en comunión con sus hermanos, dando gracias a Dios siempre y glorificando a Dios con sus vidas. Y eso hace que otros vean la luz en ellos y glorifican también a Dios. Yo oro para que andemos así como hijos de Dios y que Jehová use nuestra luz para convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa. Amén.

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