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Lucas 17:1-10
17:1 Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen!17:2 Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos.
17:3 Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.
17:4 Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.
17:5 Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.
17:6 Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.
17:7 ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa?
17:8 ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú?
17:9 ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no.
17:10 Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.
SER SIERVOS INDIGNOS
¡Buenos días amados(as)hermanos(as), Bendiciones en este hermoso día! durante la semana pasada, hubo una noticia que circuló bastante en las redes sociales y medios de comunicación de la comunidad latina, y fue que la iglesia católica le dio el grado de “beato” al fallecido médico venezolano José Gregorio Hernández. Según investigué, este es un título otorgado por el papa, con el que, entre otras cosas, da la autorización de honrar con cultos a dicha persona y permite que los feligreses oren/recen en su nombre. Sin embargo, cuando nosotros vamos a Éxodo 20, que es el listado de los mandamientos que Dios nos dio por medio de Moisés, encontramos que el primer mandamiento dice lo siguiente (Éxodo 20:2-5a) “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás;” En otras palabras, no es correcto (es pecado) que nosotros honremos a una persona/cosa, por más que se le dé el título de beato, santo, etc. Solamente debemos adorar/honrar/glorificar a Dios ¡Amén!
Por lo cual, es claro que, esto que se ha hecho con José Gregorio Hernández más bien será de tropiezo para muchos creyentes, que erróneamente van a depositar su fe en este hombre y no en el Señor. Y precisamente este es uno de los aspectos que vamos a aprender en la palabra de hoy, ya que hablaremos en primer lugar de los tropiezos de la fe, luego conversaremos del perdón, y en último lugar, como lo dice el título de este mensaje, veremos que debemos ser siervos indignos, es decir, que debemos obedecer estas palabras de Jesús sin esperar un honor especial. Oro que lo que aprendamos hoy sea muy práctico en nuestra vida y que vivamos como tal. ¡Amén!
- LOS TROPIEZOS DE LA FE
Leamos los vv.1,2 “Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos.” Los líderes espirituales de aquel entonces eran principalmente los escribas y fariseos, y como hemos visto varias veces en la palabra eran hombres hipócritas y orgullosos que aunque Jesús les mostraba su error, no solo no querían salir de él, sino que hacían el esfuerzo en convencer a otros de seguir por ese mismo camino equivocado, y muchas veces lo lograban. Este era un gravísimo problema, que aún sigue existiendo, y que lastimosamente no le prestamos tanta atención. Este problema es incluso más grave que muchas problemáticas que hoy salen en la TV y con las que nos alarmamos más. A veces nos preocupamos por enemigos visibles que matan el cuerpo (como la COVID-19), pero menospreciamos a muchos falsos maestros que están por allí enseñando erróneamente a nuestros hermanos y ovejas, y atentan no contra su vida espiritual sino contra su vida espiritual, que es más importante. Pero como les advirtió Jesús a sus discípulos, es imposible que estos tropiezos dejen de venir, principalmente porque son patrocinados y promovidos por Satanás, quien está buscando la forma de sacarnos del camino de fe, y él no descansa.
Es imposible que no vengan los tropiezos, todos nosotros nos vamos a encontrar con muchas trampas, y debemos evitar caer en ellas, porque si no moriremos. Es decir que no debemos llevar una vida de fe confianzuda, sino que tenemos que estar alertas, evaluando constantemente lo que nos dicen, lo que leemos y lo que miramos, cualquier información tenemos que someterla a la luz de la palabra de Dios y así sabremos si lo que estamos aprendiendo es parte de una trampa o no. Yo siempre le digo a mis ovejas que prueben ante la biblia cada palabra que yo pronuncio, que vayan y busquen la referencia y se convenzan que eso es realmente lo que Dios nos enseña. Esto es muy sano y ni yo, ni nadie debería sentirse mal ni molestarse, porque es sabido que los predicadores somos hombres pecadores, y en nuestra debilidad podemos ser instrumentos de satanás y ser tropiezo.
Solo basta con recordar a Pedro el Apóstol, no nos queda duda que fue un gran hombre de fe, a quien Dios transformó y usó poderosamente, pero que ciertas ocasiones casi fue de tropiezo. Una vez, cuando trató de convencer a Jesús de que no se sacrificara, y en otra ocasión cuando quiso hacer que los gentiles judaizaran. En la primera ocasión, el mismo Señor Jesús lo reprendió (Mateo 16:23) “Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.” Y en la segunda ocasión, fue el Apóstol Pablo quien en público le recordó la verdad del evangelio (Gálatas 2:14-16) “Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar? Nosotros, judíos de nacimiento, y no pecadores de entre los gentiles, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.”
Es evidente entonces, amados hermanos, que debemos tener mucho cuidado, por eso Jesús dijo en el v.3a “Mirad por vosotros mismos.”, esa frase significa: ¡Estén atentos! ¡cuídense! Debemos estar alertas para no ser engañados, y no caer en las trampas, pero también debemos cuidarnos de no ser nosotros de tropiezo para otros, primeramente cuando enseñamos, debemos enseñar la palabra de Dios, sin quitar ni agregar, debemos ser fieles a la palabra de Jesús, pero también debemos cuidar nuestro testimonio, nuestra forma de vestir, la forma de hablar, lo que posteamos en las redes sociales, aunque usted no lo crea, todo lo que nosotros los cristianos hacemos puede ser para la gloria de Dios, para que otros conozcan y exalten a Jesús, o en contraparte, nuestro mal ejemplo podría más bien puede ser de tropiezo y perjudicar a otros. Yo me arrepiento y les pido perdón las muchas veces que por mi mal carácter y mal ejemplo he sido de tropiezo para ustedes, les pido que si en algún momento me ven cometiendo pecado o haciendo algo indebido, por favor no repliquen esto, ni me juzguen, más bien les pido oración para que en lo posible oren por mí, para que yo pueda ser un buen ejemplo y les muestre a Cristo. Les prometo que yo oraré de igual manera por ustedes. ¡Amén!
- PERDONA TU HERMANO
Leamos los vv.3b-4 “Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.” La comunidad cristiana, que resumidamente llamamos iglesia, es un gran cuerpo compuesto de muchos miembros. Así como nuestro cuerpo tiene muchos órganos, asimismo la iglesia. ¡Esto es maravilloso! Siempre le doy gracias a Dios por la gran familia espiritual que nos ha dado, tenemos hermanos en muchísimas partes del mundo, muy distintos a nosotros, pero todos unidos en un mismo Padre, en un mismo Señor. Sin embargo, a diferencia de lo que mucha gente piensa, la iglesia no está compuesta de gente santa, sino de pecadores, por lo cual es común que ocurran ciertos roces entre los hermanos, suele suceder que pecamos contra nuestros hermanos o recibimos pecados de su parte. Y esta palabra es una guía de cómo debemos actuar cuando estamos de un lado o del otro.
Y básicamente vemos un proceso de tres partes: lo primero, es que si alguien comete un pecado contra nosotros debemos reprenderle. Pero ojo, reprender no significa humillar. Literalmente reprender es mostrar/convencer a la persona de que ha cometido una falta para que cambie su actitud ante Dios y los demás hermanos y evite replicar esto en el futuro. También para que resarza su daño, en el caso que pueda hacerlo ¡Eso es reprender! Y Jesús nos ordena que eso hagamos cuando alguien peque en nuestra contra. Jesús no nos dice que le dejemos de hablar al hermano, ni que murmuremos de él (o ella) y menos que lo condenemos, aunque hay que reconocer que muchas veces hacemos esto. El primer paso correcto es reprenderle con amor y sabiduría y si usted no sabe bien cómo hacerlo, le recomiendo que prudentemente le pida ayuda a su pastor(a) o algún hermano en Cristo que pueda darle un buen consejo.
Ahora, cambiemos de posición. Y preguntémonos qué pasa si nosotros somos los reprendidos ¿qué debemos hacer? la respuesta la he subrayado en el v.3, debemos arrepentirnos. Arrepentirse no solo consiste reconocer nuestro error y lamentarnos por lo que hemos hecho, sino también reparar el daño -si es posible- y luchar por no volver a cometer el error. Por nuestro pecado, es difícil arrepentirnos, más bien, cuando recibimos la reprensión de alguien nos molestamos, tratamos de buscar excusas, y hasta le echamos la culpa a otro(a), por eso es necesario ser humildes, sin humildad no será posible el arrepentimiento.
En tercer lugar, si después de haber reprendido a nuestro hermano, este se arrepiente, nuestro deber es perdonarle. Muchas veces reprendemos al hermano y no estamos dispuestos a perdonar, esto es un error. Jesús dijo que si nuestro hermano se arrepintiese siete veces al día, siete veces debemos perdonarle, pero esto no quiere decir que a la octava vez ya no debamos perdonar, el número siete realmente significa plenitud, es decir que siempre que alguien que nos ha ofendido se retracte, debemos perdonarlo y darle una oportunidad. ¿qué les parece esto? Personalmente me parece algo muy difícil de lograr, humanamente para mi es difícil, porque hay cosas que me costaría mucho perdonarle a alguien.
Parece que para los discípulos también esta era una orden muy difícil, de hecho, miren su respuesta en los vv.5,6 “Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.” Ya hemos aprendido que para reprender al hermano debemos ser prudentes y sabios, también vimos que para arrepentirnos debemos ser humildes, pero ahora aprendemos que para perdonar debemos tener fe. Y es que perdonar es un acto de fe porque debemos hacerlo recordando lo mismo que Jesús ha hecho con nosotros, que a pesar de que le hemos ofendido gravemente con nuestros muchos pecados, él murió en una cruz para pagar nuestra deuda y nos perdona diariamente, más de siete veces al día. Perdonar también es un acto de fe porque debemos confiar en que Dios cambiará la actitud del hermano y que él (o ella) actuará diferente. Pero no es que debamos tener mucha fe, pues fíjense que Jesús dijo que solo basta con tener una fe como una grano de mostaza (pequeñito), más que una gran fe, debemos tener una buena calidad de fe. Bien fundada en la palabra de Dios. Oro a Dios que en nuestra iglesia haya un ambiente de cumplir con estos tres pasos: reprender al hermano que nos ofenda, arrepentirnos cuando nos reprendan y perdonar todas las veces que el hermano se arrepienta. Y que así tengamos una comunidad sana en Cristo Jesús. ¡Amén!
- EL DEBER DEL SIERVO
Leamos los vv.7-9 “¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. Luego de las dos enseñanzas que ya vimos, Jesús termina con una historia que si no observamos bien, puede ser muy polémica, pero que realmente nos enseña un principio muy importante para nuestra vida de fe. Los judíos de aquel tiempo solían tener empleados que los ayudaran en sus labores (agricultura, ganadería, en el hogar, etc.), en la medida que la persona tenía más bienes, tenía más siervos, pero en el caso de esta historia, era un solo siervo el que trabajaba en casa y hacía de todo, cuidaba las ovejas, cocinaba, etc. A diferencia de los esclavos, este siervo tenía un salario, esa era la paga de su trabajo y él no debería esperar alguna retribución especial por cumplir con su deber. En la historia que contó Jesús, esta paga era que el jefe le sirviera comida al siervo o que le diera las gracias cada vez que hiciera su trabajo. En aquel contexto cultural esto no era necesario.
Es así, como el Señor Jesús dice (v.10) “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.” La expresión “siervos inútiles” puede traducirse como “siervo indigno”, es decir, no merecedor de un honor especial. Hasta ahora hemos aprendido que debemos evitar ser piedra de tropiezo para otros y que debemos perdonar a nuestros hermanos, y aunque podríamos llegar a pensar que por cumplir esto somos dignos de alguna felicitación/premio especial, lo que nos enseña Cristo es que realmente debemos hacerlo porque es parte de nuestra labor como siervos del Señor.
Si no fuera por la gracia de Dios, no podríamos ni siquiera ser siervos de Dios, seríamos literalmente inútiles. Es por su gracia que tenemos la dicha de trabajar en su obra y ser parte de este cuerpo precioso que es la iglesia. Siempre debemos tener claro esto, no debemos caer en el error de los fariseos, que esperaban gloria y honor por hacer lo que debían.
Mucha gente perdona, y luego espera pleitesías por haber perdonado. Constantemente de está recordandole al otro: “te perdoné esto o aquello”. Muchos también hacen alarde de que tienen buenos testimonios, o que enseñan bien la palabra de Dios, es decir, que no son de tropiezo para nadie. Y aunque está bien cumplir estas ordenes de Jesús, y todas las que hemos aprendido en las semanas anteriores, nuestra actitud no debe ser procurar gloria por comportarnos como debemos.
La verdad es que sí vamos a recibir la felicitación de nuestro Señor, eso lo aprendimos en Lucas 12:37 “Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles.”, por la gracia de Dios, cuando nuestro Señor venga nos servirá un gran banquete y gozaremos con él. Esto será en ese momento, por ahora nuestra actitud debe ser de siervos humildes y obedientes que cumplen con la palabra de Dios. ¡Amén!
Un pastor decía: La obediencia es nuestro deber, no un acto de caridad. Debemos atacar el “orgullo espiritual” pues Cuando hemos hecho todo lo mejor posible, no hemos hecho más que lo que estábamos obligados a hacer.
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P. David Leal (MX)
( 19 de febrero de 2021 )
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