Efesios 1:1-2
1:1 Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efeso:1:2 Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
A LOS SANTOS Y FIELES EN CRISTO JESÚS
Buenos días. Estoy muy emocionado porque hoy comenzamos un nuevo viaje a través de un libro de la Biblia, en este caso la epístola del apóstol Pablo a los Efesios. Algunos afirman que si el NT fuese una cordillera (como la cordillera de los Andes), entonces Efesios y Apocalipsis serían los picos más altos. Apocalipsis sería la cumbre de Aconcagua; y Efesios, el Nevado Ojos del Salado. El lenguaje, tema y estructura de estos libros es muy elevado. Si pudiésemos entender completamente la epístola a los Efesios llegaríamos hasta su cumbre que está el Cielo, y veríamos al Padre y a Jesucristo en Su trono. Hablaríamos con ellos y con los ángeles y entenderíamos perfectamente qué es la santa Iglesia y cuál es su propósito. Seríamos cabalmente la iglesia que Dios quiere que seamos.
No obstante, será muy difícil llegar hasta la cumbre de esta epístola. Yo mismo no pretendo entender completamente todo lo que el apóstol Pablo nos revela en ella. Pero, les prometo que los guiaré en esta expedición y subiremos hasta donde el Espíritu Santo nos permita llegar. Y aunque no lleguemos a la cumbre con su excelsa atmósfera celestial, vamos a respirar este aire sagrado y aprenderemos, aunque sea muy generalmente, el tema principal de esta epístola acerca de la Iglesia que Jesucristo compró con su sangre. A través de esta epístola a los efesios aprenderemos qué espera Dios de nosotros, a nivel comunitario, como iglesia; y de cada uno de nosotros, a nivel individual, como miembros de la iglesia.
Comenzaremos hoy esta travesía a través de efesios en sus faldas, con la introducción a la epístola. Hoy aprenderemos quién es el autor, cuándo y desde dónde la escribió, a quiénes va dirigida, por conducto de quién la envió y cómo les saludó. Es mi oración que el día de hoy el Señor nos dé gracia y paz a través de este mensaje y que podamos ser los santos y fieles que Él ha escogido en Cristo Jesús. Amén.
I.- Pablo, apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios (1a)
Miren el v.1a. El autor o remitente de esta carta se identifica a sí mismo como Pablo. Muchos de nosotros conocemos muy bien quién es Pablo. Es uno de los personajes más destacados del NT. Sin embargo, me gustaría contarles hoy un poco acerca de él. Su conversión y los hechos más destacados de su vida se narran en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Y tenemos algunos otros detalles que él nos cuenta en sus epístolas. Veamos quién es Pablo.
Pablo era judío de nacimiento, de la tribu de Benjamín (Flp. 3:5). Originalmente se llamaba Saulo de Tarso (Hch. 9:11). El nombre Saulo es la forma helenizada del nombre hebreo Saúl que significa “pedido” o “anhelo”; y Tarso era una ciudad de la provincia romana de Cilicia donde él había nacido (Hch. 22:3). En este mismo versículo podemos ver que, aunque nació en Tarso, Saulo fue criado en la ciudad de Jerusalén como fariseo e instruido a los pies de uno de los maestros judíos más venerados de su época, Gamaliel (Hch. 5:34-39). Pero en lugar de tener la sabiduría y ecuanimidad de su anciano maestro, Saulo, con su pasión juvenil, se convirtió en un acérrimo perseguidor de los cristianos por el celo de Dios (Hch. 22:4; Flp. 3:6). ¡Él creía que servía a Dios y a la Ley al hacer esto!
En Hch. 9 se nos cuenta que mientras Saulo iba camino a Damasco para apresar a los cristianos en esa ciudad, Jesús se le apareció en una luz resplandeciente y cambió el curso de su vida. Allí Jesús llamó a Saulo para ser testigo de su resurrección. Saulo fue escogido como instrumento de Dios para llevar el nombre de Jesús “en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel” (Hch. 9:15). Y Saulo se bautizó en el nombre de Jesús en la ciudad de Damasco (Hch. 9:18). De allí en adelante usó su característica pasión para predicar el nombre de Jesús.
Muchos días después los judíos de Damasco resolvieron matar a Saulo por lo que tuvo que escapar a Jerusalén. Allá trataba de juntarse con los discípulos, pero todos lo tenían miedo porque pensaban que estaba buscando la oportunidad de apresarles. Hasta que Bernabé le llevó a los apóstoles y éstos le recibieron. Luego, al ser amenazado de muerte nuevamente, fue enviado a su ciudad natal, Tarso, hasta que Bernabé le fue a buscar para servir juntos en la iglesia de Antioquía. Allí Bernabé y Saulo fueron apartados por el Espíritu Santo para la misión (Hch. 13:2-3). Y comenzó el camino de Saulo como misionero cristiano.
En algún punto de su llamado misionero, su nombre fue cambiado de Saulo a Pablo (Hch. 13:9). Pablo significa literalmente “pequeño” y quizás su nombre tenga que ver con lo que él mismo dice en 1Co. 15:9: “Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.” Él pasó de ser, Saulo, el pedido a Dios y anhelado, celoso fariseo perseguidor de la iglesia, a Pablo, el más pequeño de los apóstoles.
Y precisamente se identifica a sí mismo como apóstol aquí en efesios. Miren nuevamente el v. 1a. Pablo se identifica a sí mismo aquí como apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios. Él no está diciendo esto con orgullo, sino como recordatorio de la misión que Dios le ha dado. Él ya no es el gran fariseo perseguidor de la iglesia, sino un apóstol de Jesucristo, llamado a ser testigo de su muerte y resurrección. Cuando yo me identifico a mí mismo como misionero Josué, no lo hago con orgullo. De hecho, no tengo nada de qué enorgullecerme como misionero. Al contrario, debería sentir vergüenza de llamarme así con lo poco que hago y sirvo al Señor, y con la forma en la que a veces me comporto. Sin embargo, cuando Pablo reconoce que es el más pequeño de los apóstoles porque persiguió a la iglesia de Dios, también dice: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.” (1Co. 15:10). Yo también puedo decir lo mismo. No que haya trabajado más que nadie, sino que por la gracia de Dios soy lo que soy. Y en respuesta a la gracia recibida, hago esto poco al Señor.
El apóstol Pablo tuvo que defender en varias ocasiones su apostolado. La palabra apóstol es una transliteración de la palabra griega apóstolos que significa: “comisionado o enviado”. Un apóstol en aquella época era una persona a la que se le había comisionado o se le había enviado de parte de alguien a una misión específica. En la iglesia, el apóstol era alguien a quien el mismo Señor Jesús había comisionado. Para ser apóstol había unos requisitos muy específicos y podemos verlos cuando los once apóstoles estaban eligiendo al reemplazo de Judas en Hch. 1:21-22: “Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección.” Un apóstol era entonces uno que hubiese estado con Jesús desde el inicio de su ministerio y que le hubiese visto resucitado.
Pablo no cumplía con estos requisitos. Él no había estado con Jesús desde el principio de su ministerio, ni le había visto resucitado durante los cuarenta días que estuvo en la Tierra y se apareció a más de quinientos testigos (1Co. 15:6). Por eso, muchos ponían en duda su apostolado. Pero a Jacobo, el hermano del Señor, que llegó a ser líder de la iglesia en Jerusalén, también se le llama apóstol (Gá. 1:19). Los hermanos de Jesús no creían en Él como el Mesías. Así que Jacobo tampoco anduvo con Jesús desde el principio de su ministerio, y sin embargo era considerado también apóstol. Así que, al parecer, los requisitos para ser apóstol se ampliaron a los comisionados por Jesús vivo o resucitado para hacer alguna obra especial. Y en ese sentido se nombran, aparte de los doce, posiblemente cinco apóstoles más en la Biblia: Jacobo, Pablo, Bernabé y Andrónico y Junias.
Pero hoy en día hay muchos por allí que dicen ser apóstoles, en los cuales no confío para nada. Si Pablo tuvo que defender tantas veces su apostolado, teniendo tanto fruto en el Señor, ¿cómo he de creer que haya apóstoles en estos días? ¿Cuándo vieron ellos al Señor resucitado que les ha comisionado? ¿Qué comisión han recibido ellos? Por favor tengan mucho cuidado de aquellos que se llaman a sí mismos: apóstoles, reverendos, obispos, etc. Creo que su único fin es la vanagloria de un título.
II.- A los santos y fieles en Cristo Jesús (1b)
Miren ahora el v.1b. Efesios es una epístola o carta que el apóstol envió “a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso”. ¿Cuándo y desde dónde la envió? Dentro de la misma epístola Pablo revela que estaba preso cuando la envió (Ef. 3:1; 4:1a; 6:20a). Él estuvo encarcelado varias veces y en diferentes lugares por predicar el evangelio, pero el consenso general es que esta es una de las llamadas “epístolas de la prisión” que se enviaron alrededor del 62 d. C. durante la prisión de Pablo en Roma
(Hch. 28:16,30). Se dice que ese año salieron desde esa casa alquilada: Tíquico, con esta carta a los Efesios (Ef. 6:21-22) y la carta a los Colosenses (Col. 4:7-8); Epafrodito, con la carta a los Filipenses; y Onésimo con la carta a Filemón.
Pablo dice que el destinatario de esta carta son “los santos y fieles en Cristo Jesús”. ¿Quiénes eran estos santos y fieles? ¿Eran una casta especial de hermanos dentro de la iglesia? ¡Absolutamente no! Pablo se está dirigiendo a todos los hermanos que se congregaban en Éfeso. Y no es que los hermanos efesios fuesen una élite espiritual y por eso se les llama santos y fieles, sino que cada uno de los creyentes en Cristo Jesús somos santos y fieles por la fe. Somos santos porque hemos sido apartados del pecado en Jesucristo, y Jesús nos santificó y justificó con su muerte en la cruz, lavándonos con su sangre y su Espíritu Santo que mora en nosotros (1Co. 6:11). ¡Jesús presentó su cuerpo como ofrenda para nuestra santificación! (He. 10:10).
Pero nosotros debemos mantener esta santidad también. No puede ser que Jesús nos haya santificado y seamos santos, pero seguimos viviendo con nuestros hábitos pecaminosos. Siendo lujuriosos, teniendo relaciones sin casarnos, mintiendo, pensando mal contra otros, sin leer la Biblia ni orar, sin predicar la Palabra a otros. Debemos luchar para mantener la santidad que Dios nos ha dado, abandonando nuestras vidas pecaminosas. Y esto solo se logra a través de la oración y la lectura de la Biblia. Debemos estudiar la Biblia profundamente, llenarnos de ella y ponerla en práctica cada día de nuestras vidas. Debemos ser fieles en esto.
Fíjense que Pablo también les llama “fieles”. La palabra griega que se traduce como fieles es pistos que puede tener tanto un significado activo (‘confiado’, ‘teniendo fe’) o pasivo (‘confiable’, ‘siendo fiel’). En el significado activo, los cristianos somos fieles porque confiamos en Jesús para nuestra salvación. Tenemos fe en que Jesús nos ha salvado. Pero, también el significado pasivo es aplicable. Los cristianos debemos ser confiables, es decir dignos de confianza. Es incongruente que alguien diga: “aquel es cristiano, pero no se puede confiar en Él. Es mejor que no te acerques a Él porque se va a aprovechar de ti.” O “Ten cuidado con lo que dejas por allí cuando estés cerca de ese cristiano, porque se pierden las cosas.” La iglesia tiene que ser un lugar donde un hermano pueda dejar su celular en cualquier parte, o una cartera llena de dinero, o sus joyas, y sabe que nadie lo va a tomar, porque los cristianos somos confiables.
También, debemos ser fieles al Señor viviendo conforme a su Palabra. “¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.” (Mt. 24:45-46). Debemos ser fieles en el servicio al que el Señor nos ha llamado. Alimentando a su rebaño. Pescando y dando estudio bíblico a las ovejas. ¡Bienaventurado el hermano a quién Jesús, cuando regrese por su Pueblo, lo halle en estudio bíblico! Amén.
Pero los cristianos no son santos y fieles en sí mismos, sino en Cristo Jesús. La frase en Cristo o en Cristo Jesús aparece trece veces en esta epístola. Estar en Cristo es estar personal y vitalmente unido a Cristo, como las ramas están unidas a la vid (Jn. 15:5). Debemos permanecer en Jesús para ser santos y fieles. Y, ¿cómo podemos permanecer en Cristo Jesús? El propio Señor nos los dice en Jn. 15:10: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.” Debemos obedecer la Palabra de Dios para permanecer en Cristo Jesús. Si estudiamos la Biblia y la obedecemos en nuestra vida práctica, entonces seremos santos y fieles en Cristo Jesús.
Miren nuevamente el v.1b. Aquí dice que la epístola va dirigida “a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso”. Sin embargo, resulta curioso que al final de la carta no haya muchos saludos personales conforme a la costumbre de Pablo. Las otras epístolas de la prisión: Filipenses, Colosenses y Filemón, tienen saludos personales; pero esta carta no. Y resulta extraño porque Pablo pasó por lo menos tres años en Éfeso predicando y conocía muy bien y amaba mucho a los hermanos de esta ciudad. Los ancianos de Éfeso lloraron mucho cuando se despidieron de Pablo en Mileto (Hch. 20:37-38). ¿Cómo no les manda ni un saludo a estos hermanos?
De hecho, las copias más antiguas que tenemos de esta carta no mencionan a Éfeso en este versículo. Una de las posibles explicaciones es que Efesios fue originalmente un tipo de encíclica apostólica o carta circular para varias iglesias en la provincia romana de Asia Menor, y que en el primer versículo se había dejado un espacio en blanco para que cada iglesia lo completara con su propio nombre. El nombre de Éfeso llegó a estar unido a la carta porque era la principal ciudad de Asia Menor. El contenido de esta carta es bastante general también. No trata problemas particulares de la iglesia como otras de las cartas de Pablo. Así que es bastante lógico pensar que es una carta circular, y esto explica bastante bien la ausencia de saludos personales al final de la carta. Así que la carta va dirigida simplemente “a los santos y fieles en Cristo Jesús”. Va a dirigida a ti y a mí también.
III.- Gracia y paz a vosotros en Cristo Jesús (2)
Miren el v.2. El saludo del apóstol Pablo para sus lectores fue: “Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.” Este es un saludo común de Pablo en sus cartas. Era una forma cristianizada del saludo contemporáneo hebreo y griego. Este saludo lo usa Pablo en sus cartas porque es lo que los cristianos más necesitamos: gracia y paz de nuestro Dios. De hecho, la palabra ‘saludo’ en español se deriva de ‘salud’ porque era lo que un principio se deseaba la gente cuando se saludaba, pues sabían que era algo escaso. Antes, si la gente se enfermaba, había altas posibilidades de que muriese. Así que la gente deseaba salud a otros, pensando que era lo que más necesitaba.
Pero Pablo saludaba a los hermanos deseando gracia y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo porque esto lo que más necesitamos los cristianos. La ‘gracia’ indica tanto la causa como la forma de la iniciativa reconciliadora tomada por Dios. ‘Gracia’ es su misericordia gratuita e inmerecida. Es ‘por gracia’ que somos salvos por medio de la fe (Ef. 2:8). Y es por esa misma gracia que somos perdonados cada vez que le fallamos al Señor pecando en nuestro diario andar. Así que necesitamos desesperadamente la gracia de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo que nos perdone constantemente y que nos ayude a ser santos y fieles en Cristo Jesús.
También necesitamos ‘paz’. Pero esta paz no es la que el mundo busca. No es la ausencia de problemas. En este mundo caído por el pecado es imposible conseguir esa tranquilidad que el mundo define como paz. Alguno podría pensar: “yo tendría paz si tuviese mucho dinero porque todos mis problemas se acabarían”. Pero el que tiene mucho dinero tampoco tiene paz porque está preocupado de perderlo, de que lo vayan a robar o secuestrar, de cómo tener más dinero, de que se le vaya a acabar, etc.
La paz de Dios no es un estado de tranquilidad absoluta, de ausencia de problemas. Sino la confianza de que, en medio de las dificultades, en medio de las tribulaciones del diario vivir, Dios está con nosotros y no sucederá nada que no sea su voluntad. Y como Dios nos ama tanto, su voluntad para nosotros siempre es el bien (Ro. 8:28). Es la paz de Jesús dormido en la barca en medio de una tormenta, mientras los discípulos corrían desesperados por sus vidas.
Hermanos míos, quizás estamos pasando por muchas dificultades en estos días a causa de la pandemia. Hemos perdido nuestras fuentes de ingreso, hemos perdido nuestra salud, o hemos perdido un familiar. Pero lo que no podemos perder es la seguridad de que Dios nos ama y de que todo lo que estamos pasando es para nuestro bien, para nuestro crecimiento espiritual. Así que oro para que la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, sobreabunde en nuestros corazones en medio de la pandemia y que crezcamos en fe y amor para Dios. Amén.
De hecho, este saludo de Pablo está relacionado con el saludo hebreo común,
Shalom, que significa paz. Los hebreos cuando se saludan y se despiden se desean paz. Pero, insisto, esta paz no se refiere a la ausencia de problemas, sino al bienestar integral de la persona. Los hebreos se saludan y se despiden deseando el bienestar físico, económico y espiritual del otro. Esta es la paz con la que el apóstol Pablo siempre saludaba. Deseaba para los hermanos el bienestar integral que viene de estar en Cristo y de aceptar la voluntad de Dios sobre nuestras vidas.
¿Cómo nos saludamos los cristianos ahora? ¡Dios te bendiga! Eso es lo mejor que podemos desear al hermano: que Dios lo bendiga. Este saludo es muy parecido a Shalom. Es desear el bienestar integral de la persona. Que Dios haga su voluntad en su vida y le lleve más cerca de Él. Eso es la bendición. Somos muy benditos al ser amados por Dios y al haber sido rescatados de nuestras vidas pecaminosas. Somos muy benditos por Dios de tener nuestras Biblias y poder leerla, entenderla y apropiarnos de sus promesas. Somos muy benditos por Dios al poder acercarnos a Él en oración. Así que demos gracias a Dios en toda situación y mantengámonos en bendición leyendo la Biblia y orando. Amén.
En conclusión, el apóstol Pablo escribió esta epístola a los Efesios, o muy probablemente a todas las iglesias de Asia Menor, para enseñarles lo que realmente significa y representa la iglesia. Los que hemos aceptado a Jesús como nuestro Señor y Salvador somos santos y fieles por la fe en Cristo Jesús, y necesitamos mantenernos santos y fieles cada día de nuestras vidas por medio de obedecer la Palabra de Dios. Dios nos ha bendecido con su gracia y paz que nos han dado la salvación, y quiere bendecirnos con gracia y paz para vivir cada día.
Yo oro para que nosotros permanezcamos santos y fieles a Dios cada día de nuestras vidas por medio de obedecer la Palabra de Dios. Y que la gracia y la paz de Dios inunden cada día nuestros corazones a medida que mora la Palabra de Cristo abundantemente en nosotros. Y que de esa manera contribuyamos a convertir a Panamá en un Reino de Sacerdotes y Gente Santa. Amén.
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