Proverbios 6:20-23
6:20 Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, Y no dejes la enseñanza de tu madre;6:21 Atalos siempre en tu corazón, Enlázalos a tu cuello.
6:22 Te guiarán cuando andes; cuando duermas te guardarán; Hablarán contigo cuando despiertes.
6:23 Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, Y camino de vida las reprensiones que te instruyen,
Y NO DEJES LA ENSEÑANZA DE TU MADRE
Buenos días. Considerando que el próximo martes se celebra en Panamá el Día de la Madres, hoy he querido hacer una lectura especial del Día de las Madres para honrarlas. Cada año dedicamos un día especial para ellas en nuestra iglesia. Hoy, a causa de la pandemia y la distancia, sólo podremos dedicarles este mensaje, pero espero que puedan recibirlo con el amor y la honra con que lo he preparado. ¡Feliz Día de las Madres!
La familia es el núcleo de la sociedad, y la madre juega un papel importante en ella. En una familia, tanto el padre como la madre tienen roles diferenciados e importantes para sus hijos. De hecho, en el versículo clave de hoy, ambos progenitores son mencionados, pero por la celebración del Día de la Madre, me voy a enfocar en la segunda parte del versículo. Por otro lado, es una lamentable realidad en Latinoamérica que en la mayoría de las familias el padre está ausente, por lo tanto, quedan conformadas solo por la madre y sus hijos. Tristemente muy pocas familias latinoamericanas tienen la dicha de contar con el padre y la madre. Por ende, en las familias latinoamericanas se hace más evidente la importancia de la madre para la familia y la sociedad.
Hoy aprenderemos el consejo del sabio rey Salomón, que le da título a este mensaje: “Y no dejes la enseñanza de tu madre”. Oro para que a través de este mensaje las madres y las futuras madres puedan ver la importancia que Dios le da a su enseñanza en la familia. Que los hijos podamos escuchar este sabio consejo y honrar a nuestras madres con nuestra obediencia y testimonio. Y que todos y cada uno de nosotros podamos ver la importancia de la Palabra de Dios para nuestras vidas. Amén.
Nuestro pasaje bíblico de hoy se encuentra en el libro de Proverbios. Este libro, junto con Salmos, Eclesiastés, Cantar de los Cantares y Job, pertenece al conjunto conocido como Libros Poéticos y Sapienciales de la Biblia. Se les clasifica de esta manera por su forma literaria y porque en ellos se dan principios de sabiduría para la vida diaria. El libro de Proverbios consta de una serie de colecciones que, en forma de máximas, refranes, dichos y poemas, transmiten la antigua herencia de sabiduría de Israel. El contenido, en su conjunto, está encabezado por el título: “Los proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel.” (Pr. 1:1). Por esta razón, el libro completo se le atribuye a Salomón, quién es célebre por su sabiduría y por haber sido autor de mil proverbios y mil cinco cantares (1R. 4:29-34). Pero, además de Salomón, se citan como autores o recopiladores a Agur, hijo de Jaqué (Pr. 30:1) y al rey Lemuel (Pr. 31:1).
Según el Diccionario de Español de Oxoford Languages, un proverbio es una “Frase de origen popular repetida tradicionalmente de forma invariable, en la cual se expresa un pensamiento moral, un consejo o una enseñanza.” En el libro de Proverbios se encuentran estas frases provenientes de la sabiduría judía que estaba totalmente influenciada por la Ley de Dios. Pero la sabiduría de Proverbios se centra sobre todo en los ámbitos no regulados por las ordenanzas cúlticas ni mandamientos expresos del Señor. Por esta razón, la mayor parte del libro no se refiere a temas propiamente religiosos, sino más bien a la forma de conducirse en la vida diaria. Sin embargo, el mismo libro menciona que “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová” (Pr. 1:7; 9:10), lo cual significa que la única verdadera sabiduría se demuestra en una vida basada en la obediencia a Dios y manifestada en el amor a la bondad y a la justicia. Con todo esto en mente, reflexionemos en el pasaje bíblico de hoy.
Miren el v. 20 por favor. El consejo de Salomón para el lector es guardar el mandamiento del padre y no dejar la enseñanza de la madre. Este consejo es claramente para personas adultas y se refiere a guardar la instrucción que se ha recibido desde la infancia, no sólo en el ámbito religioso sino en la vida diaria. El padre se muestra como una figura de autoridad que manda y la madre como una educadora que enseña. Aunque la palabra hebrea que se usa acá para enseñanza es torá que es la forma como los judíos llaman a la Ley de Moisés y que contiene el conjunto de mandamientos de Dios para el hombre.
Así que en este proverbio se puede escuchar el eco del mandamiento de Moisés para los hijos de Israel: “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.” (Dt. 6:5-9). Moisés manda acá a los padres a repetir los mandamientos de Jehová a sus hijos. A hablar la Palabra de Dios a sus hijos cuando están en la casa o cuando van en el camino, al acostarse o al levantarse. Los padres debían educar a sus hijos conforme a la Palabra de Dios, de manera que ellos pudiesen tener la Palabra de Dios siempre frente a sus ojos y cuando estuviesen dentro o fuera de la casa, a la hora de tomar sus decisiones.
Pero para esto, los padres primero deben amar a Jehová su Dios de todo su corazón, de toda su alma, y con todas sus fuerzas. Deben aprender bien la Palabra de Dios primero para poder enseñarla bien a sus hijos. Lamentablemente ese no ha sido el caso para la mayoría de nosotros. No hemos crecido en un hogar en el que la Biblia sea el centro de todo. Aunque, por gracia de Dios, la mayoría de nosotros hemos crecido en la cultura occidental con gran influencia cristiana. Hemos crecido en hogares católicos que nos enseñaron ciertos principios cristianos para la vida, aunque no hayamos sido instruidos tan profundamente en la Biblia. Hemos crecido con ciertos valores cristianos.
Así que, aunque quizás no hemos crecido siendo instruidos en la Palabra de Dios, los mandamientos del padre y las enseñanzas de la madre son útiles para nosotros. Yo, por ejemplo, crecí en un hogar católico. Mi mamá hizo todo lo que pudo para enseñarme acerca de la fe y los valores cristianos, aunque nunca me dio una enseñanza bíblica. Ella hizo lo que había aprendido también de sus padres. Me bautizó cuando era un bebé. Me llevó a la iglesia para hacer la primera comunión. Y de vez en cuando, visitábamos la iglesia de nuestra parroquia. Yo, incluso, llegué a formar parte del grupo de teatro de la parroquia por un breve tiempo. Mi mamá me enseñó valores de respeto, solidaridad y convivencia que son básicos para la vida en sociedad.
La enseñanza de mi madre me fue muy útil en mi crecimiento porque me alejó de los vicios que tenían mis amigos. Yo crecí en un barrio peligroso. Había mucha droga, delincuencia y armas. Mi madre me aconsejaba mucho con respecto a las drogas, e incluso conocía y trataba a algunas de las personas que tenían esos negocios y les pedía que nos mantuvieran alejados a mi hermano y a mí. Gracias a Dios nunca estuve en contacto con las drogas ni para consumirlas ni para transportarlas. Pero una vez sí estuve en contacto con un arma de fuego. El hermano de un amigo le prestó una pistola de pequeño calibre, y él y yo nos fuimos a jugar con ella, disparando en el patio de un pequeño edificio. Yo no estaba consciente en ese momento del peligro de lo que estaba haciendo. Aunque era un arma pequeña, podría haber herido o matado a alguien, o incluso entre nosotros mismos.
El problema principal en mi familia era que ni mi mamá ni yo conocíamos bien a Dios y su Palabra. Y aunque me enseñó ciertos valores cristianos, había otras muchas cosas en las que desobedecíamos la Palabra de Dios. Por ejemplo, la distracción de mi mamá era salir de fiesta los fines de semana, y a veces nos llevaba con ella porque no tenía con quien dejarnos y pasábamos la noche fuera en casa de sus amigos. Además, ella organizaba fiestas en la casa también invitando a sus amigos. Así que desde muy pequeño tuve contacto con el alcohol, con el cigarrillo y los juegos de azar. Por la gracia de Dios, nunca tomé el vicio del cigarrillo, pero sí el alcohol y los juegos de azar.
Como no había sido bien instruido en la Palabra de Dios, de adolescente me rebelé y hasta me hice ateo, simpatizando con el satanismo. Mi conducta y mi estilo de vida de adolescente preocuparon mucho a mi mamá. Ella pensó que había hecho lo mejor que había podido con la enseñanza que me daba y con la disciplina, pero la ausencia de la Palabra de Dios en nuestra familia hizo que me desviara del camino. Pero, por la gracia de Dios, yo tuve un encuentro personal con Jesús cuando tenía 17 años y eso cambió completamente el rumbo de mi vida.
Aunque mi mamá me había criado en la fe católica, ella no puso ninguna objeción cuando comencé a asistir a la iglesia evangélica. Al contrario, ella me dijo que le daba gracias a Dios que yo estuviese yendo a la iglesia porque no sabía a dónde iba a parar con el camino que había tomado durante mi adolescencia. La disciplina y la enseñanza de mi madre me habían alejado de las drogas y me ayudaron a ser un buen estudiante y, quizás, hasta un buen ciudadano. Pero no me alejaron del vicio ni del pecado porque no había Palabra de Dios en su enseñanza. Aunque la enseñanza de la madre puede ayudarnos a ser hombres de bien, que es lo que la mayoría de las madres busca, solamente la Palabra de Dios en el corazón de la madre y en su boca para sus hijos, puede criar buenos hombres de Dios.
Les voy a colocar un buen ejemplo de esto: Susanna Wesley. Susanna fue la madre de los famosos hermanos Wesley, John y Charles. Ellos fueron grandes hombres de Dios. Pero la fama de ellos se debe en gran parte a la crianza que tuvieron por parte de su madre. El padre de ellos, el Dr. Samuel Wesley, es un ejemplo de muy mal padre. Estuvo muy ausente de su vida familiar. Así que Susanna tuvo que criar prácticamente sola a sus hijos. Ella tuvo 19 hijos, aunque nueve de ellos murieron cuando eran bebés, y para el momento de su muerte, tenía ocho hijos vivos. Susanna teniendo muchos problemas económicos, con su esposo, incluso llegando a sobrevivir a dos incendios en su casa, se dedicó con gran pasión a la educación de sus hijos basada en la Palabra de Dios.
Sussana reunía a sus hijos el domingo por la tarde para los servicios familiares. Cantaban un salmo y luego ella leía un sermón del archivo de sermones de su esposo o de su padre, seguido de otro salmo. La gente local comenzó a preguntar si podían asistir. En un momento, había más de 200 personas asistiendo al servicio de los domingos por la tarde que impartía Susanna Wesley. Su gran sacrificio y su enseñanza bíblica, hicieron que John y Charles Wesley llegasen a ser grandes hombres de Dios.
En todo lo que les acabo de decir, podemos ver la importancia de la enseñanza de la madre. Incluso, si no es una enseñanza bíblica como la de Susanna Wesley. Por eso, como madres no deben olvidar lo importante que son sus enseñanzas para sus hijos, no solo con sus dichos, sino también a través de sus vidas. Pero, tampoco deben olvidar que no es suficiente solamente una enseñanza con valores, sino que el gran sabio Salomón nos dice acá que la enseñanza de la madre debe estar basada en la Biblia, en la Palabra de Dios. Y Moisés nos dice que como padres debemos conocer muy bien la Palabra de Dios primero y amar a Jehová con todo nuestro corazón, para poder enseñar a nuestros hijos el camino por el que deben andar.
Como madres, ustedes han recibido una gracia maravillosa de Dios, que sus hijos estén en el camino de la Palabra de Dios. La semana pasada pudieron escuchar mi testimonio y el de Darío durante nuestra convivencia. Y pueden ver que aunque instruyamos con buenos valores a nuestros hijos, si no los instruimos en la Palabra de Dios, igual podemos tomar malas decisiones y terminar en una vida de muchos vicios y pecados. Podemos verlo en muchas familias a nuestro alrededor. Aunque son buenos padres, les dan a sus hijos todo lo que necesitan, y les dan una buena educación, como no tienen la Palabra de Dios, entonces los hijos se pierden en vicios y pecados.
Ahora, tampoco el hecho de ser instruidos en la Palabra de Dios es garantía de que los hijos van a crecer como hombres o mujeres de Dios. Cada uno tiene que tomar sus propias decisiones ante Dios. Por eso aconseja Salomón en los vv.20-21: “Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no dejes la enseñanza de tu madre. Átalos siempre en tu corazón, enlázalos a tu cuello.” Este es un consejo para los hijos, que debemos escuchar. De hecho, aunque este es un mensaje especial por el Día de las Madres, si se fijan bien el título va dirigido a los hijos: “Y No Dejes La Enseñanza de Tu Madre”. Debemos recordar cada día las cosas que nuestras madres nos han enseñado, aún desde nuestra tierna infancia. E incluso en nuestra adultez, no debemos desechar los consejos de nuestras madres.
Una vez leí un texto que decía algo así: “De niños decimos: ‘amo a mi mamá y quiero estar siempre con ella’. De adolescentes: ‘¡Qué fastidio con mi mamá! Ya quiero independizarme’. En nuestra temprana juventud: ‘Ay mamá, yo sé, no te preocupes; en alguna de estas fiestas voy a visitarte’ Y cuando ya estamos en nuestra edad madura: ‘¡Cómo quisiera tener a mi mamá conmigo!’”. Lamentablemente, en nuestra etapa rebelde entre la adolescencia y la temprana juventud, no estimamos como deberíamos a nuestra madre y a su enseñanza. Y cuando nos damos cuenta de su importancia, es tarde. El tiempo ha pasado y nos queda poco tiempo con ella, o ya se ha ido. Estimemos cada día a nuestras madres y escuchémosle con amor y paciencia. Y si nuestras madres no tienen una relación personal íntima con Jesús; si no aman a Jehová su Dios de todo su corazón, de toda su alma y con todas sus fuerzas; oremos por ellas para que tengan una relación personal con Jesús. Amén.
Miren los vv. 22-23. Muchas veces no nos damos cuenta de la importancia de la educación de los padres, pero ella es las que nos guía en nuestro camino. Es la base para nuestra toma de decisiones. Y están con nosotros en todo tiempo, aun cuando dormimos y despertamos. A los mandamientos y enseñanzas de nuestros padres se les asemeja aquí a la lámpara y la luz que iluminan nuestro camino. Y a las reprensiones de ellos como el camino hacia la vida. Todo esto es cierto, cuando esa enseñanza que hemos recibido de ellos viene de la Palabra de Dios. Por eso es importante que aprendamos bien la Biblia y se las enseñemos a nuestros hijos.
Antes les dije que aunque enseñemos a nuestros hijos la Palabra de Dios, esto no es garantía de que ellos serán hombres y mujeres de Dios. Sin embargo, hay una promesa en este mismo libro: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.” (Pr. 22:6). Si les enseñamos bien la Palabra de Dios, aunque tengan tropiezos en su camino, ellos se mantendrán en el camino. Debemos tener fe y hacer lo mejor que podamos para instruir a nuestros hijos en el camino de Dios y esperar que su gracia y amor los alcance también.
Por la gracia de Dios, Victoria y Celeste nacieron en un hogar cristiano y están creciendo en el camino de Dios. Tanto mi esposa como yo, estamos haciendo todo lo que podamos por darles valores cristianos y la Palabra de Dios desde pequeñas. Es nuestra oración que cuando pasen por la adolescencia y su temprana juventud, ellas puedan guardar el mandamiento de su padre y la enseñanza de su madre, y puedan crecer como mujeres de Dios que le aman y guardan Su Palabra cada día de sus vidas.
Oro también lo mismo para ustedes y para sus hijos. Que cada uno de ustedes pueda aprender bien la Palabra de Dios y puedan tener la sabiduría para obedecerla cada día de sus vidas. Y que la puedan enseñar a sus hijos en todo tiempo. Que cada una de nuestras madres pueda tener la devoción y la influencia espiritual de Susanna Wesley sobre sus hijos, y que se levanten grandes hombres de Dios como John y Charles Wesley en nuestra generación. Amén.
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