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Lucas 10:38 - 11:4
10:38 Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.10:39 Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.
10:40 Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.
10:41 Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.
10:42 Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.
11:1 Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.
11:2 Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
11:3 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
11:4 Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.
ESCOGÉ LA BUENA PARTE
¡Buen día amados hermanos! ¡Bendiciones para todos! Hoy continuaremos con un mensaje evangelio de Lucas. Y veremos una historia que nos enseña cuál es la mejor porción que podemos escoger en Jesús. Se trata de lo acontecido en la casa de María y Marta, dos hermanas que vivían en Betania, una aldea que estaba muy cerca de Jerusalén, y las cuales el Señor visitó antes de ir a llevar la cruz por nuestra salvación. Lo interesante de esta palabra es que deja de manifiesto nuestra tendencia a estresarnos con muchas actividades y nos hace una invitación como lo leemos en el título de escoger la buena parte que es tener una relación con Jesús. Oro que, con esta palabra, más las instrucciones que Jesús da respecto a la oración, que también estaremos viendo al final, podamos arrepentirnos de estar afanados, de nuestra queja y nos animemos a tener vidas de intimidad con Jesús, así como lo hizo María. Amén
JESÚS EN CASA DE MARTA Y MARÍA
Leamos el v.38 “Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.” Como podrán recordar, desde el capítulo 9, exactamente desde Lucas 9:51, hemos estudiado los acontecimientos del último viaje de Jesús desde Galilea a Jerusalén, y hemos aprendido mucho. Por mencionar algunos pasajes relevantes: vimos la misión de los setenta y la historia del buen samaritano, entre otros. Ahora bien, en este momento Jesús aún no había entrado en Jerusalén, pero sí estaba bastante cerca (aproximadamente 3 km), porque aunque el verso que acabamos de leer no lo dice, en Juan 12:1, aparece que esa “cierta aldea” en que Jesús entró era Betania, donde vivían María y Marta. Estas dos chicas son las hermanas de Lázaro (ver Juan 11), el hombre al que Jesús resucitó y María fue esa mujer que ungió a Jesús con perfume de mucho precio y su propio cabello (ver Juan 12), probablemente en esta misma reunión. Es evidente que Jesús apreciaba mucho a esta familia y por esa razón es que los visita antes de ir a Jerusalén, era un tiempo de despedida, porque ya estaba próximo a ser sacrificado.
Ahora leamos el v.39,40 “Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.” Es probable que cuando Marta recibió a Jesús en su casa, no solo lo aceptó a él, sino también a sus discípulos. Y quizá también hayan entrado a la casa algunos vecinos y conocidos. Podemos inferir que había muchas personas y Marta estaba haciendo una gran labor por atenderlos. Solo basta con hacer un ejercicio de imaginación. Piense en todo el trabajo que llevaría preparar pizza para 20 personas, o un asado, arepas, o papas a la huancaína. Quizá con la ayuda de alguien más no parece ser tan difícil, pero hacerlo solo, y con pocas comodidades (agua potable, cocinas a gas, luz eléctrica, etc) es una pesada carga. Eso fue precisamente lo que le sucedió a Marta, porque en ese tiempo el trabajo del hogar estaba a cargo solo de las mujeres, y aunque en esa casa había dos, una de ellas (María) había decido postrarse a los pies de Jesús y escuchar lo que él estaba enseñando.
Por esto es que Marta acude a Jesús y se queja de que su hermana no la estaba ayudando, diciendo: Señor, ¿te parece bien que mi hermana me deje sola con todo el trabajo de la casa? Por favor, dile que me ayude. Sin duda alguna, el servicio de Marta era maravilloso, ella estaba haciendo un gran esfuerzo en atender al Señor y todos los invitados, pero esto que dijo, demuestra que en su corazón había un problema por resolver. Filipenses 2:14 dice: “Haced todo sin murmuraciones y contiendas,” también Santiago 5:9 dice: “Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta.” En general debemos tener el cuidado de no quejarnos, y cuando estamos sirviendo al Señor debemos prevenir mucho más. La queja es un pecado, y aunque seamos los mejores siervos, si el trabajo lo hacemos quejándonos, el Señor se sentirá mal de nuestra actitud.
Hay varias estrategias para evitar caer en la queja, una de ellas es no compararnos con los demás. Fíjense que Marta cayó en queja cuando vio lo que hacía María y lo comparó con lo que ella estaba haciendo. Otra manera para evitar la queja sería recordando constantemente por qué estamos sirviendo. Si nuestra intención al servir es glorificar a Dios y agradarle solo a él, tenga por seguro que no habrá queja en su corazón, sino que más bien habrá alegría porque podemos servir a Dios, aunque no lo merecemos. Finalmente es recomendable que, si nos vemos quejándonos, convirtamos nuestro motivo de queja en un tópico de agradecimiento. Por ejemplo, Marta podría haber pensado en su corazón: “gracias Dios por poder servir a Jesús, gracias por proveer todo lo que necesitamos, gracias porque mis hermanos están atendiéndolos mientras yo no puedo”.
Ahora veamos la respuesta de Jesús ante la solicitud de Marta. v.41 “Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.” Me asombra que Jesús haya repetido dos veces el nombre de Marta. Es fácil imaginarse el tono con que le hablaba. Personalmente me recuerda cuando mi mamá me daba un consejo ante algún peligro. Por ejemplo, cuando me decía: Juan Carlos, Juan Carlos, cuidado con los amigos con quien te juntas. En este caso Jesús también le advertía a Marta de un peligro ¿de cuál? Del afán a causa de las muchas ocupaciones. Según muchas investigaciones, ► el estrés es la enfermedad del siglo XXI, y es la causante de muchos problemas en la salud de la gente, por ejemplo: la bajada de defensas, el acné, problemas de presión arterial, depresión, infartos cardíacos e incluso la pérdida de memoria ¿y por qué llegamos a este límite? Porque actualmente llevamos vidas muy frenéticas, queriendo hacer más cosas, y en menor tiempo, de las que podemos hacer. Pero los peligros del afán no son solo sobre nuestra salud física, sino como lo vemos en el verso que acabamos de leer, también son sobre nuestra vida espiritual ¿y cuál es el peligro? Que el afán puede alejarnos de Jesús y limitar nuestra relación con Dios. Por eso es importante que prestemos atención a la enseñanza de Jesús en este pasaje.
Leamos el v.42 “Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.” Fíjese en esta frase: “Solo una cosa es necesaria”. De las cosas que hacemos en la vida, algunas son estrictamente necesarias y otras, si bien las hacemos, no lo son. Las cosas necesarias son de vida o muerte, por lo cual debemos darle prioridad, como: respirar, comer, dormir, tomar agua, etc. Pero las cosas no necesarias son aquellas que podemos posponer, y que hacemos una vez ya hayamos cumplido las necesarias. Por ejemplo, ver una película no es tan prioritario, eso lo podemos posponer, pero no podremos ver la película si no respiramos, que si es muy necesario. De este modo, lo que Jesús nos explica a través de esta palabra, es que entre el servicio y la relación de intimidad con Dios, lo prioritario es tener una relación con Jesús. No debemos confundirnos y desestimar el servicio a Dios, al contrario, tal como lo vimos en pasajes anteriores es muy necesario que nosotros sirvamos a Jesús, porque hay mucha mies y pocos obreros (Lucas 10:2), pero antes de esto, debemos tener/cuidar nuestra relación personal con Cristo.
Quiero rescatar la frase e Jesús: María ha escogido la buena parte. Otras traducciones dicen: la mejor porción. Y esto se trata de una analogía con la repartición de la comida. Significa que María había escogido lo mejor, dentro de todo el alimento que se estaba dando allí. En otras palabras: ella se estaba comiendo la cereza del pastel en esa reunión. Ahora bien ¿en qué sentido la porción de María era “buena”? Para entender debemos acudir al vocablo original. La palabra dicha por Jesús es el griego agathos, término que era usado no solo para definir algo bueno en su esencia, sino también de efectos beneficiosos. Porque pueden haber cosas buenas que no nos beneficien. De esta manera, lo que aprendemos es que “sentarnos a los pies de Jesús y oír su palabra”, debe ser nuestra prioridad porque a ciencia cierta eso es lo que nos trae mejores ganancias a nuestra vida.
¿Cuáles son esas ganancias o beneficios? Son muchos, por ejemplo, Jeremías 15:16 dice que la palabra nos da gozo y alegría al corazón. 1 Pedro 2:2 dice, además, que con ella crecemos para salvación. Mateo 4:4 dice que la palabra de Dios nos da vida. Y finalmente, como vemos en 2 Timoteo 3:16-17 “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”
Ahora bien, en la práctica ¿qué es sentarse a los pies de Cristo a oír su palabra? es buscar a Jesús con una actitud de humildad y rendición, a través de la oración y el estudio de su palabra. En aquel momento María recibía la palabra de Jesús audiblemente, porque él estaba allí dando su discurso, pero nosotros para recibir la palabra tenemos la biblia. Porque la biblia es la palabra de Dios. ¿entonces qué debemos hacer? debemos leer/estudiar la biblia de todas las maneras posibles. Una forma es como estamos haciendo hoy: a través de asistir al servicio dominical, otra es asistiendo a nuestros estudios bíblicos, también teniendo una lectura personal, e incluso podemos escuchar audiobiblias.
No puedo pasar a la siguiente parte sin antes preguntarte ¿estás siendo como María o estás siendo como Marta? Como les decía al principio, tenemos que tener cuidado porque nuestra tendencia es ser como Marta, no solo porque andamos afanados con muchas cosas que hacer, sino porque nos quejamos. Si este es tu caso yo te animo especialmente a que tengas/cuides tu tiempo matutino de devocional. Trata, antes de ocuparte, de orar personalmente y leer la palabra (Pan Diario), como dijo Jesús respecto a María: esto es lo único que no nos será quitado. Pues es una inversión en el reino de los cielos a vida eterna. Amén
LA FORMA EN QUE DEBEMOS ORAR
Después de visitar a Marta, María y Lázaro, Jesús se fue a un lugar aparte a orar, esta era su costumbre, Jesús oraba constantemente; y cuando volvió, uno de sus discípulos le pidió que los enseñara a orar, así como también Juan enseñó a sus discípulos a orar. Y aunque este parece un tema distinto a lo que venimos hablando, realmente está muy vinculado, ya que como vimos, parte de nuestra relación íntima con Cristo, y parte de lo que debemos hacer para estar a los pies de Jesús, radica en nuestra vida de oración. Entonces, en base a lo que Jesús les enseñó a sus discípulos, vamos a mencionar brevemente, en base a los v.2-4, seis aspectos importantes para saber cómo debemos orar a Dios.
Glorificar a Dios. El v.2a dice: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.” Lo primero que debemos hacer al orar es reconocer a Dios, esto implica que nosotros humildemente tomemos nuestro lugar y lo exaltemos a él como Dios santo. Dios es nuestro Padre porque es nuestro creador, nuestro proveedor, cuidador y quien nos ama. Además, él es Santo porque no tiene ni una pizca de pecado. Pero también el Señor tiene muchas otras bondades y atributos. Todo esto siempre debemos proclamárselo a Dios en nuestra oración.
Clamar por su gobierno. v.2b “Venga tu reino.” Parte de nuestra oración debe ser que su reino se establezca en nuestra vida, en la de nuestra familia, nuestra ciudad y nación. Esto implica que él sea quien dirija todo y nosotros obedientemente nos sujetemos a sus normas. Tal como ocurre en un reino secular. Este es un tópico muy importante.
Someternos a su voluntad. v.2c “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” Cuando nosotros oramos debemos estar dispuestos a que se haga la voluntad del Señor y no la nuestra. Esto es importante recordarlo sobretodo cuando hacemos peticiones. Porque no todo que pidamos lo vamos a recibir, solo recibiremos aquello que está en la voluntad y tiempo de Dios. Amén
Petición de sustento. v.3 “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” en la oración también podemos hacer peticiones, y en este caso Jesús nos enseño a pedir por el sustento material. Esto abarca la comida, vestimenta, vivienda, medio de transporte y todo aquello que necesitamos. Dios quiere que le pidamos todo cuanto necesitamos, física y espiritualmente, no debemos tener vergüenza. Tengamos la confianza de pedirle abiertamente porque él es nuestro Padre proveedor.
Pedir perdón y perdonar. v.4a “Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben” a Dios también debemos pedirle perdón en nuestra oración, pero es importante que así como nosotros le pedimos perdón a él, también perdonemos a los que nos deben. La biblia dice en Mateo 6:14-15 que si nosotros perdonamos Dios nos perdona también, pero si nosotros no perdonamos, el Señor tampoco nos perdonará nuestros pecados.
Clamar por fortaleza y cuidado. “Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.” Finalmente, Jesús nos enseño que debemos pedir a Dios que no deje que el diablo nos tiente, porque aunque Dios no es el autor de la tentación, él deja que el enemigo nos tiente para entrenarnos y hacernos más fuertes y grandes. Sin embargo, como nosotros somos débiles debemos clamar a Dios por misericordia, fortaleza y ayuda para poder salir ilesos de la maldad de Satanás.
Entonces hermanos ¿qué hemos aprendido hoy? Por una parte, que debemos evitar caer en la actitud de Marta, quien estaba afanada y quejumbrosa a causa de tener mucho trabajo en el Servicio a Jesús, y que en contraparte que debemos ser como María, quien prioritariamente se postró a los pies de Jesús y escuchó su palabra. Entonces vemos que debemos no solo debemos enfocarnos en hacer muchas cosas para Dios, sino que antes debemos cuidar y guardar nuestra relación con él. Esto es lo más importante. Para ello debemos hacer dos cosas: acudir constantemente a la biblia y orar. Y yo siempre digo que esto es como una conversación: a través de la biblia nosotros escuchamos a Dios y en la oración le hablamos para que él nos escuche. Oro que el modelo que hemos visto hoy sea una buena guía para que tengamos oraciones muy profundas y completas y que más que repetir inercialmente “el Padre Nuestro” como mucho tienen por costumbre, nosotros con conciencia le hablemos a nuestro Padre celestial tal como lo hacemos con nuestro padre terrenal, y mejor, incluso. Amén
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