Marcos 1:14-15
1:14 Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,1:15 diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.
EL REINO DE DIOS SE HA ACERCADO
Buenos días. Faltan 19 días para nuestra Convivencia en Línea: “Venga Tu Reino”. Allí aprenderemos acerca del Reino de Dios y rogaremos junto con el Espíritu Santo por la venida de Jesús a establecer Su Reino diciendo: “Amén; sí, ven, Señor Jesús” (Ap. 22:20). Pero, como tendremos poco tiempo para aprender del Reino de Dios durante la convivencia, y aprovechando que ya la semana pasada hemos terminado el libro de Éxodo, he querido hacer dos lecturas especiales acerca del reino de Dios, esta semana y la que viene.
Hoy aprenderemos acerca de la naturaleza del reino de Dios por el anuncio del mismísimo Rey. Veremos cómo Jesús inicia su ministerio público predicando acerca de la llegada del reino de Dios. Mi oración es que hoy podamos aprender qué es el reino de Dios para que le anhelemos con mayor ardor y para que juntos ayudemos a establecer el reino de Dios en esta Tierra. Y que de esta manera con mayor fervor podamos pedirle al Señor que “Venga Tu Reino” y podamos clamar con el Espíritu Santo: “Amén; sí, ven, Señor Jesús”. Amén.
I.- Jesús inicia su ministerio público (14)
Miren el v. 14. El pasaje bíblico de hoy se enmarca en el principio del ministerio público de Jesús. Jesús había sido bautizado por Juan el Bautista en el Jordán, quien le presentó como: “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Mr. 1:9-11; Jn. 1:29); después fue tentado en el desierto (Mr. 1:12-13); comenzó a llamar a sus discípulos (Jn. 1:35-51); y estuvo bautizando también en Judea antes de que Juan fuese encarcelado (Jn. 3:22-30). Sin embargo, el evangelista Marcos nos dice aquí en el v.14 que Jesús inicia su ministerio público después de que Juan fue encarcelado.
Juan el Bautista vino como el heraldo del Señor, el mensajero que venía a preparar su llegada. La gente que oía su mensaje estaba a la expectativa pensando que él era el Mesías. Sin embargo, Juan dijo acerca de sí mismo: “Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.” (Jn 1:23). Así que él sólo vino a preparar los corazones de la gente para que recibiesen a Jesús como el Mesías. Vino para dar testimonio del Mesías como lo hizo en su bautismo al decir: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” (Jn. 1:29).
Sin embargo, como él apareció primero en escena, y la gente le oía y le buscaba a él, la mayoría no le prestaba atención a Jesús, pues, a pesar de testimonio de Juan, ellos todavía pensaban que Juan era el Mesías y no entendían su papel en el reino de Dios. Sus discípulos incluso llegaron a enojarse porque Jesús bautizaba y la gente acudía a Él, en lugar de venir a Juan (Jn. 3:26). Pero Juan sí estaba claro de su papel en el reino de Dios y les respondió: “Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él. El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido. Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.” (Jn. 3:28-30). Era necesario que Juan cumpliese su papel y fuese quitado de la escena para que Jesús pudiese comenzar su ministerio público. Así, Juan fue encarcelado, y Jesús comenzó su ministerio público formalmente después de esto.
¿Dónde comenzó Jesús su ministerio público? Miren nuevamente el v.14. Jesús comenzó su ministerio en la provincia de Galilea donde había crecido. Su familia era de la ciudad de Nazaret y todos sus discípulos eran galileos, o por nacimiento o por residencia. Allí pasó Jesús la mayor parte de su ministerio público, visitando la provincia de Judea, donde se encontraba la ciudad de Jerusalén, solamente durante las fiestas de peregrinaje. Su ministerio en Galilea cumplía una profecía de Isaías: “Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia, tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pues al fin llenará de gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles. El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.” (Isaías 9:1-2).
¿Qué hacía Jesús al principio de su ministerio público? Miren nuevamente el v.14b. Jesús predicaba el evangelio del reino de Dios. El propósito del ministerio público de Jesús era predicar el evangelio del reino de Dios. Pero, ¿qué es el evangelio? La palabra española evangelio es una transliteración de la palabra griega euangelion que significa “buenas nuevas” o “buenas noticias”. Es decir, que Jesús vino predicando las buenas noticias del reino de Dios. El propósito del ministerio público de Jesús era anunciar las buenas noticias del reino de Dios.
¿Cuáles eran esas buenas noticias? Miren el v. 15. Esta es una gran noticia. Es una noticia de primera plana. Es la mejor noticia que oirán en sus vidas. Quizás ahora no le parecen tan impactantes, pero para que podamos entender mejor toda su importancia tenemos que analizar cada una de las frases que la componen. Por eso vamos a ir viendo cada una de estas frases a continuación.
II.- El tiempo se ha cumplido (15a)
Miren nuevamente el v. 15a. Cuando leemos esta frase aquí en español no podemos ver todo el significado que tiene. De hecho, alguien podría interpretar erróneamente que Jesús está diciendo que se acabó el tiempo. O podría interpretar correctamente que Jesús dice que ha llegado el tiempo. Sin embargo, lo que Jesús dice aquí es más profundo de lo que parece.
La palabra griega que se traduce acá como tiempo es kairós. El kairós no es una hora o un lapso de tiempo definido, sino que se refiere a un momento apropiado. Para expresar el tiempo como nosotros lo entendemos se utiliza la palabra griega cronos. Sin embargo, kairós no se refiere a un intervalo de tiempo particular, sino a su peculiaridad. Hablando en términos generales, cronos expresa la duración de un período, kairós destaca su caracterización por ciertas peculiaridades. Cronos marca cantidad; kairós, calidad. Lo que Jesús dice aquí no es que haya llegado una hora o un tiempo en particular, sino que ha llegado el momento apropiado de Dios para cumplir lo que ha prometido.
El apóstol Pablo les dice a los hermanos en Galacia: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.” (Gál. 4:4-5). Aquí sí se usa el griego cronos. Cuando llegó el tiempo indicado (cronos), Dios envió a su Hijo para cumplir lo que ha prometido (kairós). Jesús vino hace más de dos mil años (cronos). Hoy es 8 de noviembre de 2020 (cronos). Pero hoy es el momento apropiado de Dios para ti, hoy es el kairós de Dios para tu vida. En este Culto Dominical, durante este mensaje, el día de hoy, Dios quiere manifestar su propósito para ti. Y es el mismo propósito que Jesús manifestó hace más de dos mil años. Pero cada día Dios lo hace kairós en la vida de alguien. Ese kairós de salvación, el tiempo de mi salvación, llegó hace unos 20 años atrás. Pero hoy puede ser el kairós de salvación para ti, hoy puede ser el tiempo de tu salvación si aceptas el mensaje del evangelio hoy.
Por otro lado, si ya recibiste el mensaje del evangelio, hoy puede ser el kairós de Dios para ti de otra manera. Puede ser el momento apropiado para que te comprometas para Él como su discípulo. Puede ser el momento apropiado para que te comprometas para Él como hacedor de discípulos, como pastor de las ovejas universitarias. Hoy puede ser el kairós de Dios para que te comprometas para la Misión Mundial. No sé exactamente qué estás esperando de Dios o qué está esperando Dios de ti hoy, tú lo puedes saber por tu relación personal con Él. Pero, lo que sí te puedo decir es que el tiempo se ha cumplido. Hoy es el kairós de Dios para tu vida. Así que toma tu decisión.
III.- El reino de Dios se ha acercado (15b)
Miren ahora el v.15b. Este era el kairós que se había cumplido. El reino de Dios se había acercado al comenzar Jesús su ministerio público en la Tierra. Pero, ¿qué es el reino de Dios? Para poder entenderlo, debemos entender primero qué es un reino. Un reino es un territorio delimitado en el que habita un conjunto de personas que reconocen la soberanía de un rey sobre ellos y sobre ese territorio, por lo que viven bajo sus leyes. En resumen, un reino tiene cuatro elementos principales: un rey, un pueblo, un territorio y una ley. Entonces, el reino de Dios, es el lugar donde un pueblo reconoce a Dios como rey, específicamente a la persona de Jesucristo. A ese pueblo le conocemos como iglesia, pues la iglesia es la congregación de personas que reconocen a Jesús como su rey.
Pero en la definición de reino vimos que éste tiene un territorio delimitado y ahora mismo no vemos establecido un territorio en la Tierra que se llame “Reino de Dios”. Este es el misterio que Jesús nos revela al decirnos que el reino de Dios se ha acercado. Los judíos oraban (y todavía oran) cada día para que el reino de Dios sea establecido sobre la Tierra con su capital en la ciudad de Jerusalén y con el trono de Dios establecido en el Templo. Así que cuando Jesús les predicaba que el reino de Dios se había acercado, aumentaba la esperanza de su manifestación en ese tiempo. Tanto, que en una ocasión los fariseos le preguntaron “cuándo había de venir el reino de Dios, [Jesús] les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros.” (Lc. 17:20-21).
Al principio de su ministerio Jesús predica que el reino de Dios se ha acercado, como vemos acá en el v.15; cuando los discípulos le pidieron que les enseñara a orar, Jesús les enseñó a pedir: “Venga Tu reino” (Lc. 11:2); y en Lc. 17:20-21 les dice a los fariseos que el reino de Dios ya estaba entre ellos, sin embargo, no podemos ver a Jesús reinando físicamente en ningún lugar. ¿Cómo podemos entender esto? El teólogo George Eldon Ladd acuñó una acertada frase que describe la realidad del reino de Dios como se describe en el Nuevo Testamento: “The kingdom of God is here already, but not yet”. “El reino de Dios ya está aquí, pero todavía no”. Se le conoce comúnmente como: “ya, pero todavía no”.
El reino de Dios tiene una dimensión dual. Ya está aquí, pero todavía no se ha manifestado completamente. Jesús inició el reino en la Tierra, y dondequiera que se lleve a cabo la voluntad de Dios, el reino es una realidad. Es necesario que haya un pueblo que reconozca la soberanía del rey para que haya un reino. Es necesario que haya un pueblo que reconozca y cumpla la voluntad de Dios para que se manifieste el reino de Dios. Sin embargo, el reino de Dios no se había manifestado plenamente en los días de Jesús, ni tampoco en nuestros días. Todavía no vivimos en un mundo donde la voluntad de Dios sea una realidad completa. Estamos experimentando un anticipo del reino de Dios en nuestras vidas y comunidades antes de que se establezca por completo en este mundo. Todavía vemos incredulidad, heridas y pecado, diciéndonos que la voluntad de Dios aún no se ha obedecido completamente.
Muchos creyentes viven pensando que el reino de Dios es algo futuro solamente y se olvidan de enfocarse en el reino como una realidad presente. Su preocupación se centra en la realidad futura de llegar al cielo, pero este enfoque puede romper fácilmente la relación entre la vida cristiana y la vida aquí y ahora. Cuando Jesús nos enseñó a orar: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” (Lc. 11:2), nos está enseñando a pedir a Dios que trajera la experiencia del cielo a la Tierra. A través de Jesús, el reinado, el gobierno y el poder de Dios están disponibles para nosotros hoy, no solo en un futuro lejano. El reino de Dios se ha acercado. La realidad actual del reino de Dios debería impulsarnos a examinar nuestras vidas y preguntarnos qué áreas aún no hemos rendido a la Soberanía de Dios.
Mientras esperamos los cielos nuevos y la nueva tierra (Ap. 21:4-5), podemos participar activamente en el reino de Dios ahora. A medida que nos rendimos al reino de Dios, comenzaremos a experimentar el Reino de Dios ahora, ya que la voluntad de Dios se hace en la Tierra como en el cielo. Y no solamente debemos rendirnos a la soberanía de Dios nosotros y hacer su voluntad, sino que debemos predicar este evangelio del reino de Dios a todos los que nos rodean, de manera tal que otros también acepten la soberanía de Dios sobre sus vidas, y el reino de Dios se vaya expandiendo en esta Tierra, hasta la manifestación de nuestro gran Dios y Salvador, Jesucristo, quien establecerá el Reino de Dios en la Tierra definitivamente. Y los que hayamos creído al evangelio, reinaremos juntamente con Él (2Ti. 2:12; Ap. 1:6, 5:10).
IV.- Arrepentíos y creed en el evangelio (15c)
Miren el v.15c. Considerando que el reino de Dios se ha acercado, ¿cuál debe ser nuestra respuesta? Jesús nos contesta esta pregunta aquí. Debemos arrepentirnos y creer en el evangelio. Muchos confunden lo que es el arrepentimiento. En español, la palabra “arrepentirse” se define como: “Sentir pesar por haber hecho o haber dejado de hacer algo”. Pero, esto en realidad es remordimiento y es el primer paso para el arrepentimiento, pero no es el arrepentimiento como tal. En griego la palabra que se usa aquí es metanoeo que significa literalmente “cambio de mente”, implica cambiar nuestra perspectiva acerca del pecado. Lo que la gente generalmente siente es pesar por las consecuencias que les ha traído el pecado, pero si pudiésemos estar razonablemente seguros de que podríamos librarnos de las consecuencias, no nos importaría volver a hacerlo todo igual que antes. No es el pecado lo que odiamos, sino sus consecuencias.
Por eso, debemos cambiar nuestra mentalidad. Debemos odiar el pecado, no sus consecuencias. Sabiendo que el reino de Dios se ha acercado, y que debemos hacer la voluntad de Dios, debemos amar la voluntad de Dios y desearla con todo nuestro corazón, y aborrecer el pecado con la misma intensidad. Debemos de dejar de vivir como estamos viviendo, de forma pecaminosa, haciendo nuestra propia voluntad y no la de Dios; y empezar a vivir de forma totalmente diferente, haciendo la voluntad de Dios, obedeciendo toda la Palabra de Dios.
Pero esto es imposible con nuestras propias fuerzas. Por eso debemos creer en el evangelio para poder hacerlo. ¿Qué es el evangelio? El apóstol Pablo lo resume magistralmente en 1Co. 15:3-4: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”. Ya les dije antes que la palabra evangelio significa “buenas noticias”. La buena noticia es que Cristo murió por nuestros pecados y resucitó al tercer día para darnos la vida eterna. Pero, para entender cuán buena es esta noticia, debemos entender primero la mala noticia.
La mala noticia es que todos somos pecadores y que estamos destituidos de la gloria de Dios (Ro. 3:23). Es decir, no podemos hacer absolutamente nada por nosotros mismos para entrar en el reino de Dios. Y es aquí donde vemos la dimensión de la buena noticia. La buena noticia es que Jesús hizo todo lo necesario para que nosotros pudiésemos entrar en el reino de Dios. Él murió en la cruz por nuestros pecados y resucitó al tercer día para darnos la vida eterna. Y lo único que nosotros necesitamos hacer es creer esta buena noticia. Creer que la muerte de Jesús en la cruz tiene el poder para perdonar nuestros pecados presentes y pasados, y aceptarle como nuestro Señor y Salvador, como el Soberano de nuestras vidas. Esto es, disponernos a cumplir con su voluntad.
Si nosotros hacemos esto, entonces entraremos en el reino de Dios y estaremos poco a poco estableciendo ese reino en nuestros corazones, en nuestra iglesia y en nuestra comunidad, hasta que el reino de Dios sea una realidad en nuestras vidas y en las de los que nos rodean. Así podremos esperar el establecimiento definitivo del reino de Dios en la Segunda Venida de Jesús cuando Él venga a buscar a su pueblo. De esto aprenderemos en nuestra convivencia.
En conclusión, el reino de Dios fue acercado por Jesús al venir a este mundo a vivir como un hombre perfecto, morir en la cruz por nuestros pecados y resucitar para darnos la vida eterna. Nosotros podemos entrar en el reino de Dios si nos arrepentimos y creemos al evangelio. Arrepintámonos, pues, y hagamos la voluntad de Dios cada día de nuestras vidas y trabajemos para la expansión del reino de Dios en esta Tierra. Amén.
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( 19 de febrero de 2021 )
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