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Lucas 10:1-24
10:1 Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir.10:2 Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.
10:3 Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.
10:4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino.
10:5 En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa.
10:6 Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros.
10:7 Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en casa.
10:8 En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os pongan delante;
10:9 y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios.
10:10 Mas en cualquier ciudad donde entréis, y no os reciban, saliendo por sus calles, decid:
10:11 Aun el polvo de vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra vosotros. Pero esto sabed, que el reino de Dios se ha acercado a vosotros.
10:12 Y os digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma, que para aquella ciudad.
10:13 ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! que si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que sentadas en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido.
10:14 Por tanto, en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón, que para vosotras.
10:15 Y tú, Capernaum, que hasta los cielos eres levantada, hasta el Hades serás abatida.
10:16 El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió.
10:17 Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.
10:18 Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
10:19 He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.
10:20 Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.
10:21 En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó.
10:22 Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.
10:23 Y volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis;
10:24 porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.
LA MISIÓN DE LOS SETENTA
Buenos días amados(as) hermanos(as) ¡Bienvenidos(as) al Servicio Dominical de hoy! Quizá algunos pudieron darse cuenta, mientras leímos el pasaje, que la lectura es muy similar a la primera vista en Lucas 9, donde Jesús envió a los doce discípulos a predicar por todas las aldeas de alrededor. Y en efecto, el texto es parecido en muchos aspectos, pero hoy vamos a estar aprendiendo nuevas cosas. En resumen, veremos que todo el que siga a Jesús está llamado a predicar, que esta labor supone algunos riesgos, y que requiere que nosotros sigamos ciertas indicaciones. Pero finalmente aprenderemos que a pesar de todos estos bemoles, la misión de predicar es un gran privilegio, y si nosotros obedecemos, provocaremos mucha alegría en Dios. Por eso les pido que hoy estemos muy atentos y no tomemos ligeramente esta palabra. Y oro que al finalizar todos nosotros tomemos la decisión de predicar el evangelio de Jesús y que seamos como estos setenta, que obedecieron el mandato de Cristo y fueron a anunciar que el reino de los cielos se había acercado.
EL ENVÍO DE LOS SETENTA DISCÍPULOS
Leamos el v.1 “Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir.” En el capítulo anterior, a partir del v.9:51, leímos que Jesús y sus discípulos emprendieron un viaje rumbo a Jerusalén. Y vimos que los acompañaron otras personas que quisieron hacerse seguidores de Jesús. Por eso, en todo el trayecto, Cristo les fue enseñando a esta gente algunos principios básicos e importantes del discipulado, por ejemplo, les dijo la famosa frase “Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza.” (v.9:58) con la que enseño que el que quiera seguir a Cristo debe hacerlo sin intereses materiales, porque Jesús no vino a acumular riquezas a esta tierra, pues ni siquiera tenía una vivienda propia. También les dijo “…Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.” (v.9:62) y enseñó que aquel que decide seguir a Jesús no debe volver a su antigua manera de vivir, y ni siquiera debe anhelarlo, si eso hace no está listo para el reino de Dios.
Ahora bien, después de estas enseñanzas, lo siguiente que hizo Jesús fue darle una misión a todo este grupo de seguidores, que consistía en ir a predicar a las ciudades antes que Jesús las visitara.
Como vemos, la misión que recibieron estos nuevos discípulos era exactamente igual a la recibida por los doce anteriormente. Aunque estos setenta no habían recibido un llamado especial como los apóstoles, y a pesar de no haber tenido tanto tiempo de entrenamiento con Jesús, aun así el Señor los envió. Lo cual nos enseña que la labor de predicar no es algo que solo deban cumplir unos pocos, sino que es un mandamiento a obedecer por todos los cristianos. Podríamos creer erróneamente que esta es una responsabilidad únicamente de cristianos maduros o de aquellos que hayan recibido un llamado particular (pastores, líderes y misioneros), pero realmente podemos/debemos hacerlo todos desde el momento que aceptamos seguir a Jesús.
Antiguamente los reyes enviaban un ►mensajero para anunciar su visita a algún lugar, con la intención que las personas estuvieran preparadas y recibieran de la mejor forma a su autoridad. Y en este caso vemos que Jesús hizo algo totalmente análogo, porque lo que le estaba pidiendo a los setenta era que fueran antes que él y advirtieran de su venida para que los habitantes estuvieran listos y recibieran de la mejor forma a Jesús. Es decir que esta misión que Dios nos ha dado es muy importante, y si no la hacemos, podemos estar afectando en cómo los demás aceptan o rechazan a Cristo.
Esto se asemeja a la labor que antiguamente hacían los ►atalayas ¿saben qué es un atalaya? Era una persona que se subía a una torre, ubicada en el muro de la ciudad para vigilar si venía algún enemigo a atacar. De manera que, si había algún peligro, el atalaya tocaba una trompeta y advertía a los habitantes para que ellos tomaran sus previsiones y se salvaran. Si el atalaya no hacía su trabajo y no advertía al pueblo del peligro, entonces la gente moría por culpa de ese siervo inepto. Pero si el atalaya avisaba diligentemente, había la posibilidad de que muchos se salvaran y el pueblo permaneciera.
Lo que les quiero decir con todo esto, es que nosotros, los discípulos de Jesús, al igual que los setenta, tenemos la responsabilidad dada por Dios de advertir a la gente que Jesús vendrá, porque aunque ya Jesús vino una vez, la biblia dice que volverá por segunda vez a buscar a su pueblo y a condenar a los que no lo recibieron. Si nosotros somos siervos fieles al llamado de predicar, mucha gente podrá ser salva, pero si somos desobedientes a este mandamiento, podríamos ser culpables de la muerte de mucha gente, que no fue advertida y no se preparó para la venida del Señor.
Entonces ¿usted qué quiere hacer? ¿quiere ayudar a la gente a ser salvo o dejarlos morir en sus pecados? probablemente la mayoría de nosotros quiera ir a predicar, pero no lo estamos haciendo. ¿por qué? por distintas razones. Algunos están muy ocupados en sus propios asuntos, otros tienen pereza y otros tienen obstáculos que superar. A los primeros dos (los egoístas y perezosos) les digo que deben arrepentirse, pues por su pecado están poniendo en peligro muchas vidas, y a los que tienen obstáculos les animo a luchar y ser creativos para cumplir con esta comisión. Por ejemplo, hoy día es un gran obstáculo ir a predicar porque por la pandemia tenemos que mantenernos en casa, y muchos ni siquiera están yendo a los trabajos, ni escuelas. Esto es un obstáculo real y comprensible, que nos impide acercarnos a las personas para darles el mensaje del evangelio. Pero ante esto podemos ser creativos y buscar maneras de anunciarles el evangelio a otros. Por ejemplo, podemos usar la tecnología, y dedicar un tiempo a la semana para escribir o llamar a las personas que conocemos. También podemos usar las redes sociales (Instagram, Facebook, Twitter, TikTok, etc.). Lo importante es estar dispuestos y buscar la manera, no detenernos ante los obstáculos.
INDICACIONES PARA LA LABOR DE PREDICAR
Hasta ahora hemos conocido cuál es la misión que Jesús nos dio a sus discípulos. Y resumidas cuentas se trata de anunciar su venida para que todos estén listos cuando él venga. Pero como les decía al principio, en este pasaje también hay varias indicaciones y recomendaciones a seguir para cumplir con este llamamiento. A continuación, les mostraré cinco aspectos prácticos que Jesús le pidió a los setenta.
Primero, ir de dos en dos. Leamos nuevamente el v.1 “Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir.” Es recomendable ir a predicar en parejas y Eclesiastés 4:9,10,12 nos explica por qué “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto.” Según estos versos son tres las causas. Uno es que cuando sumamos esfuerzos con alguien más, obtenemos mejores resultados, pues la gente nos escucha más fácilmente y son más abiertos a recibir el mensaje. Cuando estamos solos suelen ser más desconfiados y rechazarnos. También, es bueno predicar de a dos, porque nosotros podemos desanimarnos, sobre todo cuando alguien nos rechaza o por nuestra pereza, y en consecuencia tenemos la tentación de no continuar, pero si tenemos a alguien más, esa persona nos puede ayudar a levantarnos y continuar, o también podríamos ser nosotros el que le ayudemos a él. Finalmente, es bueno ir en parejas a predicar porque podría pasar que alguien nos ataque, física, verbal o intelectualmente, y en ese sentido es mejor ser dos para defendernos. Aunque realmente al ir en parejas no somos solo dos, sino tres, Dios, nuestro compañero y nosotros, lo cual es mejor, porque como dice Eclesiastés, un cordón de tres hijos no se rompe tan fácilmente. Yo puedo darles fe de que es mejor predicar en pareja, en mi caso, cuando he ido a predicar a la Universidad con mi esposa o alguien más, me han recibido mejor y he estado más seguro.
Segundo, rueguen a Dios por más obreros. Ahora veamos el v.2 “Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.” La mies es el cereal maduro del trigo, y cuando aparece es el tiempo de la cosecha. Si un grano de trigo maduro no es cosechado a tiempo corre el riesgo de perderse, por la acción de los vientos y las tormentas, por lo cual es necesario que en ese momento se sumen esfuerzos de muchos obreros para tener el mejor resultado de la plantación. Podríamos pensar que 35 parejas era más que suficiente para predicar el mensaje de Jesús entre las aldeas de alrededor, pero Jesús, más bien le dijo a los setenta, en forma de parábola, que para la cantidad de personas ellos eran pocos. Por lo cual les pidió que oraran a Dios para que mandara a más obreros a trabajar.
La tentación que tenemos los siervos de Dios cuando vemos la gran necesidad que hay, es querer trabajar y trabajar sin orar. Pero Jesús nos recomienda orar, para depender de Dios, de su misericordia y que él sea nuestra ayuda. Como vemos, nos solo debemos orar por las ovejas, no solo debemos orar por nosotros, debemos orar puntualmente para que Dios levante más siervos. Por eso hoy día estamos orando para que Dios levante en nuestra iglesia nuevos maestros bíblicos, para que cada vez más hermanos tengan deseo y tomen la decisión de apacentar al menos a una oveja. Oro a Dios que muchos acá tomen esa importante decisión. Amén.
Tercero, no lleven nada ni hablen con nadie. Leamos el v.4 “No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino.” Jesús les pidió a los setenta que no viajaran con equipaje y que además no saludaran a nadie. Esta orden tenía la intención de que ellos viajaran más rápido y no se distrajeran yendo a otros lugares. Lo que supone que los discípulos no disponían de mucho tiempo para entregar su mensaje, por lo cual debían estar enfocados en la misión. Hoy día la situación no es diferente para nosotros, porque al analizar los tiempos podemos darnos cuenta que estamos en los tiempos finales, ya las señales se están cumpliendo, además, nuestras vidas en esta tierra son cortas, por lo cual cualquier pérdida de tiempo se traduciría en la pérdida de muchas personas que no conocerán a Jesús.
¿Entonces cómo podríamos aplicar este consejo de Cristo? La mejor forma es evaluando si todo lo que hacemos en esta vida nos ayuda a cumplir el propósito de predicar a otros. Si nos damos cuenta que no es así, aunque aquello que estemos haciendo nos guste y no sea pecado, debemos dejarlo y enfocarnos en este llamado.
Cuarto, ser un portador de paz. Leamos el v.5 “En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa.” aquellos que llevamos el evangelio de Cristo somos portadores de paz y por ende a todo lugar que lleguemos y con toda persona con quien hablemos, debemos hacérselo saber. La intención de nuestra predicación no debe ser la confrontación sino entregar el mensaje. Pero usted dirá, y ¿qué hacemos si no nos reciben o nos atacan? En los siguientes versos Jesús explicó (v.6-15). Básicamente el que nos recibe también recibe la paz que nosotros traemos a través del evangelio y podemos compartir más con él, pero si nos rechazan no debemos pelear, sino irnos, sencillamente irnos. Consientes de que aquel que nos rechaza, no nos rechazan a nosotros, sino a Dios, que fue el que nos envió. Como lo dice el v.16 “El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió.” En este sentido nuestra identidad debe ser de embajadores de paz. “Embajadores” en cuanto a que somos representantes de Dios en la tierra, y “de la paz” porque nuestra intención no es la contención ni la guerra.
Quinto, el contenido de nuestro mensaje. Leamos los v.8-11 “En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os pongan delante; y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios. Mas en cualquier ciudad donde entréis, y no os reciban, saliendo por sus calles, decid: Aun el polvo de vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra vosotros. Pero esto sabed, que el reino de Dios se ha acercado a vosotros.” En los cuatro puntos anteriores hablamos de las maneras y la actitud con que debemos cumplir la misión de la evangelización, pero hasta ahora no hemos conversado de qué es lo que debemos decir a las personas. La repuesta se la subrayé en los versos que acabamos de leer. Nótese que el mensaje es el mismo para el que nos acepta y para el que nos rechaza, y en síntesis es: “el reino de los cielos se ha acercado”.
Un reino es un lugar donde hay una persona que es soberano y todopoderoso, en el caso de los reinos terrenales, el rey; pero en el caso del reino de los cielos el Rey es Dios. Las personas deben saber que por nuestro pecado y por nuestra maldad, nosotros nos revelamos contra Dios y por eso fuimos echados de su reino, sin embargo, por su gracia, Jesús vino a esta tierra para restaurar esa relación entre nosotros y Dios, y que pudiéramos vivir nuevamente bajo su soberanía, disfrutando de una relación íntima con Él. Entonces el contenido de nuestro mensaje debe ser ese, debemos anunciarles a las personas que a través de Jesús tenemos la oportunidad de abrir nuestra vida a Dios y que su reino se establezca nuevamente en nuestra vida, nuestra familia, nuestra nación y nuestro mundo. Amén
LA VUELTA DE LOS SETENTA
Finalmente, los setenta discípulos fueron y obedecieron el mandato de Jesús de predicar el evangelio y cuando volvieron entregaron su reporte, y dijeron con gozo a Jesús (v.17) “…Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.” es decir, que gracias a su obediencia, aún estos nuevos discípulos experimentaron el poder de Jesús. Y pudieron hacer milagros y ayudar a la gente. Porque Jesús tiene poder sobre Satanás, sobre sus demonios y para deshacer toda obra maligna auspiciada por el enemigo. Como lo dice 1 Juan 3:8b “Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo”. Sin embargo, miren lo que dice el v.20 “Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.” ¿qué quiere decir esto? Que a pesar del poder de la obra que Dios haga a través de nosotros, no debemos maravillarnos tanto por el milagro en sí, sino que nuestra alegría debe radicar en la maravilla más grande: [el milagro de la salvación], ese es el propósito del mensaje del evangelio y el tema central al que apuntaban (y apuntan) todos los milagros.
Finalmente, el v.21a dice: “En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu” por razones de tiempo no puedo detallarles bien las palabras que Jesús dijo a continuación, pero no quiero pasar por algo su gozo al ver la obra que hicieron los setenta. Obviamente ellos solo fueron instrumentos de Dios, y Jesús alabó a Dios por esa gran gracia, pero el punto acá es que cuando nosotros nos disponemos a predicar y nos dejamos usar por el Señor, generamos un gozo grande en el Señor. ¿usted quiere que Jesús se sienta gozoso? Vaya y predique el evangelio de Jesús. Teniendo en cuenta que es un gran privilegio (v.23) poder ser parte de esta hermosa obra de salvación.
Voy a hacer un resumen de lo que hemos aprendido en la palabra de hoy. En principio conocimos que Jesús ha enviado a todos los discípulos, tanto nuevos como más antiguos, a predicar el evangelio antes de su venida. También vimos cinco indicaciones prácticas para cumplir esta comisión: (1) ir de dos en dos (2) orar a Dios por más obreros (3) ser rápidos y enfocarnos en nuestro propósito (4) ser portadores de paz (5) predicar que el reino de los cielos se ha acercado. Y finalmente aprendimos que él se alegra en demasía cuando nosotros le servimos de esta manera. Yo quiero proponerles una actividad práctica para esta semana. Quiero invitarles a que apartemos media hora y usemos nuestro celular para predicar lo que hemos aprendido hoy. Pero no lo deje al fortunio, sino planifíquelo, e invite aunque sea a una persona a aceptar a Jesús. Yo oro que, así como los setenta, nosotros la semana que viene, también con gozo experimentemos victoria en la obra de evangelización y que con gozo podamos darle un buen reporte a Dios, alegres por el milagro de la salvación. Amén
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