- INICIO
|- MENSAJES
|- ARGENTINA
|- LA PLATA
|- JUAN CARLOS VIVAS
Lucas 9:46-62
9:46 Entonces entraron en discusión sobre quién de ellos sería el mayor.9:47 Y Jesús, percibiendo los pensamientos de sus corazones, tomó a un niño y lo puso junto a sí,
9:48 y les dijo: Cualquiera que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y cualquiera que me recibe a mí, recibe al que me envió; porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ése es el más grande.
9:49 Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros.
9:50 Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.
9:51 Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén.
9:52 Y envió mensajeros delante de él, los cuales fueron y entraron en una aldea de los samaritanos para hacerle preparativos.
9:53 Mas no le recibieron, porque su aspecto era como de ir a Jerusalén.
9:54 Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?
9:55 Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois;
9:56 porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea.
9:57 Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas.
9:58 Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza.
9:59 Y dijo a otro: Sígueme. El le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre.
9:60 Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios.
9:61 Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa.
9:62 Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.
¿QUIÉN ES EL MAYOR?
Buen día amados hermanos que Dios los bendiga grandemente ¡Feliz día del Señor! Hemos crecido en un mundo donde los escalafones son normales en las distintas áreas de la vida. En las escuelas se suelen hacer listas de los ►mejores estudiantes. En muchos trabajos, se escoge el llamado ►empleado mes o del año. En la radio se hacen listados de las canciones más escuchadas y hasta las compañías de steaming (como Netflix) está haciendo lista de ►las películas más vistas. Como dije, hoy día estas listas son prácticamente normales. Sin embargo, hay una revista que en los últimos años ha sido muy famosa, y que principalmente hace esto mismo, pero en un nivel financiero y a mayor escala. Se trata de ►la revista Forbes®. Esta es una revista estadounidense especializada en el mundo de los negocios y las finanzas que cada año publica listas que ordenan a las empresas, sitios, objetos y personas conforme según ciertos tópicos. Algunas listas son: las personas más ricas de EEUU, los deportistas mejor pagados, las mejores Compañías, Las ciudades más inteligentes del mundo, Los 10 autos más caros del mundo, ►los 40 más rico de la Argentina, etc.
Lo que quiero mostrar con esto es que, debido al deseo de grandeza del hombre, nos hemos inventado muchos criterios y maneras de determinar quién es el mayor o más grande. En cualquier área. Sin embargo, hoy vamos a conocer que las formas del hombre son muy distintas a las de Dios. En este sentido, en base a Lucas 9, entre otros aspectos, vamos a estar aprendiendo, qué es lo que realmente debemos hacer para ser los mayores ante Dios. Mi oración es que hoy aprendamos que el mayor no es el que más dinero tiene, ni el que tiene mejores estadísticas, ni el que es más popular; sino el más humilde y el que se hace el siervo de todos.
EL MAYOR DE TODOS SERÁ…
Leamos el v.46 “Entonces entraron en discusión sobre quién de ellos sería el mayor.” En el pasaje anterior vimos que Jesús sanó a un chico endemoniado después que nueve de sus discípulos fracasaron al tratar de hacer esta liberación. Pero también veíamos que luego, el Señor anunció su muerte otra vez diciendo “Haced que os penetren bien en los oídos estas palabras; porque acontecerá que el Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres”. Este era un mensaje bastante fuerte, sobre todo para los seguidores de Jesús. Sin embargo, al ver el v.45 nos damos cuenta que sus discípulos entendieron nada estas palabras, y tampoco preguntaron qué significaba, porque había algo que velaba sus ojos. Que no les dejaba ver la realidad.
Precisamente es a través del verso que acabamos de leer es que nos damos cuenta de qué era eso. Los doce discípulos estaban interesados en tener un puesto importante y discutían quién sería el mayor. Resulta que ellos creían que Jesús tendría un reino terrenal y cada uno deseaba tener el mejor cargo cuando eso sucediera. De hecho, el evangelio de Mateo nos dice un poco más, pues revela que hasta la madre de dos de los discípulos (Jacobo y Juan) en un momento intercedió ante Jesús por sus hijos, diciéndole: “…Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda.” (Mateo 20:21).
Y lo que nos muestra esta situación es que aún los que estamos siguiendo a Jesús podríamos estar teniendo una percepción equivocada de quién es Él y de en qué consiste su obra, y por lo cual podríamos tener expectativas equivocadas al seguirle. También, por esas esperanzas erróneas, podríamos estar desechando o desestimando el plan de Dios. Por ejemplo, sé de personas que han seguido a Cristo creyendo que los discípulos nunca sufrimos, y pensando que por el hecho de estar en el camino de la fe no vamos a tener problemas; por eso, un hermano que piensa así, no puede entender -por ejemplo- cuando la biblia dice: “Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.” (Hebreos 12:6) y menos entiende cuando ve a un cristiano pasando por alguna prueba (la muerte de un familiar, la pérdida de un trabajo, el fracaso en alguna materia o negocio, etc.). En definitiva, debemos tener cuidado de las esperanzas que tengamos en Jesús, y hay que compararlas siempre con la palabra, para darnos cuenta si es esa la voluntad de Dios o solo es un deseo humano propio.
Ahora bien ¿cuál fue la respuesta de Jesús ante la discusión de los discípulos? leamos los vv.47-48 “Y Jesús, percibiendo los pensamientos de sus corazones, tomó a un niño y lo puso junto a sí, y les dijo: Cualquiera que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y cualquiera que me recibe a mí, recibe al que me envió; porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ése es el más grande.” Jesús todo lo sabe, y él conoce aún los deseos de nuestro corazón, por eso dice acá que como sabía lo que estaban pensando sus discípulos les hizo la siguiente demostración: tomó a un niño que estaba por allí y poniéndolo a su lado explicó quién es realmente grande para Dios. Jesús dijo: el que es más pequeño entre todos vosotros, ése es el más grande
Ahora bien, ¿qué quiere decir ser el más pequeño? veamos tres puntos acerca de esto, en los cuales voy a citar, además, información complementaria que plasmaron otros evangelistas acerca de estas palabras de Cristo. Ya que es muy importante que entendamos bien qué quiere decir Jesús.
Primero, ser humildes como el niño. En Mateo 18:4 dice: “Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.” Los niños son personas muy sencillas y humildes. Y aunque ciertamente son pecadores, y cometen errores, generalmente se dejan guiar por su autoridad (padres y otros adultos) y obedecen porque se reconocen como pequeños. En este sentido, si nosotros queremos ser grandes ante Dios debemos ser así como los niños, y dejarnos guiar sinceramente por nuestro Padre Celestial, reconociendo que Él es mayor que nosotros.
Esta idea no parece ser compatible con el criterio de grandeza del mundo. Porque según el mundo, los grandes son aquellos que tienen mucho poder y pueden hacer lo que quieran sin sujetarse a nadie o sujetándose a unos pocos. Además, lo que vemos en el mundo es que a las personas que les llaman “grandes” no suelen ser humildes sino más bien orgullosas. Y les doy un ejemplo. ¿Ustedes conocen al boxeador ►“Floyd Mayweather”? mucha gente dice que este es el más grande boxeador de toda la historia, porque como profesional triunfó en los 50 combates que tuvo y más de la mitad los ganó por nocaut (KO). También, la misma revista Forbes que les hablé al principio de este mensaje, lo denominó en su momento el deportista mejor pagado del mundo. Sin embargo, aunque no cabe duda de que este hombre fue un gran atleta y empresario muy exitoso, no podríamos decir, siguiendo el criterio que estamos aprendiendo de Jesús, que él es realmente grande, porque cuando vemos su vida, no ha mostrado ser humilde como un niño. ¿por qué? Porque a Mayweather le gusta presumir mucho sus riquezas, también ha tenido problemas de violencia doméstica, por lo cual estuvo preso, y su actitud ante los medios y en el ring de boxeo es visiblemente muy ególatra.
Y ¿nosotros como somos? ¿somos humiles u orgullosos? Yo puedo hablar solo de mí. Y siendo muy sincero, reconozco que me falta mucho para ser como un niño. Principalmente porque mi tendencia es a ser muy orgulloso ante los demás y muchas veces rebelde ante Dios. Por eso esta palabra me toca mucho, y le pido a Dios que me ayude a humillarme reconociendo que soy pequeño, como lo dice Filipenses 2:3 “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo;” Amén
Segundo, para ser grande debemos interesarnos por los desamparados. Vamos a leer nuevamente el v.48 “y les dijo: Cualquiera que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y cualquiera que me recibe a mí, recibe al que me envió; porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ése es el más grande.” En nuestra cultura, los niños son personas con derechos igual que los adultos, y en nuestros censos poblacionales ellos están incluidos. Pero en la cultura judía, era diferente, pues normalmente no se contabilizaban ni las mujeres y los niños. Un ejemplo de eso lo vimos en la alimentación de los 5000, donde el número de personas reportadas solo incluye a los hombres. (ver Lucas 9:14, Mateo 14:21). Por eso cuando Jesús plantea que cualquiera que reciba a este niño, no solo recibe al niño, sino también a Dios; lo que nos enseña es que una forma de medir nuestra grandeza en Dios es viendo cuánto interés y aceptación mostramos por los otros, especialmente por aquellos que son menos favorecidos, como los desamparados, los necesitados y los pobres.
Es muy fácil aceptar a aquellos que no tienen problemas. Por ejemplo, en la Universidad es fácil estudiar y tener una amistad con los que tienen mejor entendimiento y buenas notas, pero es difícil trabajar con aquellos que tienen dificultades académicas. Pero si queremos ser grandes en Dios debemos interesarnos y aceptar precisamente a estos últimos. Lo mismo pasa en los trabajos, con las amistades, y hasta en la iglesia.
Una persona egocéntrica, yoista o individualista, no es grande ante Dios, y si nosotros tenemos esta actitud debemos revisarla y cambiarla. Lo correcto es tener un equilibrio entre el amor y el interés que tenemos por nosotros mismos y por los demás (obviamente teniendo a Dios en primer lugar). De hecho, si recordamos el mandamiento de Dios, dice: “mas amarás á tu prójimo como á ti mismo” (Levíticos 19:18, Mateo 19:19, Mateo 22:39, Marcos 12:31, Lucas 10:27, Romanos 13:9, Gálatas 5:14, Santiago 2:8).
Una vez más, este principio va en contra de lo que muchas veces nos enseña el mundo. Porque según el mundo, para ser grande debemos estar centrados en nosotros mismos, o principalmente en nosotros. En nuestra ganancia, en nuestras estadísticas, en nuestros resultados, etc. Pero oro a Dios que nosotros podamos hallar ese equilibrio entre amarnos a nosotros como al prójimo. Amén
Tercero, para ser grandes debemos servir a otros. Leamos lo que dice Mateo 10:43,44 “Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos.” Hasta ahora hemos aprendido que para ser grandes en Dios debemos ser humildes como niños e interesarnos por los demás y ahora llegamos a la parte más práctica de esta enseñanza de Jesús, donde aprendemos que si queremos ser grandes para Dios debemos hacernos siervos de todos.
Fíjese bien las palabras de Jesús, él dijo: “el que quiera ser…”, es decir que el deseo de grandeza es una decisión libre y personal, de hecho, Jesús no regaño a sus discípulos por querer ser grandes sino por querer hacerlo de una manera incorrecta. No está mal que nosotros queramos grandeza en Dios pero debemos hacerlo de la manera correcta, como hemos estado aprendiendo hasta ahora, pero más que nada como vemos en este punto: sirviendo a todos.
Es fácil ser un siervo selectivo, es decir, ayudar a aquellos que nos caen bien, o nos agradan. Pero Jesús dijo que debemos ser siervos de todos. De amigos y enemigos, de jóvenes y adultos, de mujeres y hombres, de cristianos e incrédulos. Nuestro servicio debe estar dispuesto para todos. No debemos hacer acepción de personas.
Hay muchas formas de servir, y ninguna es de despreciarse. Nuestro servicio debe ser tanto dentro como fuera de la iglesia. En la iglesia podemos servir en muchas áreas, por ejemplo, servimos cuando oramos unos a otros, cuando limpiamos la iglesia, cuando ayudamos a una oveja o preparamos la comida. También cuando cantamos alguna canción, bailamos o hacemos un teatro. Incluso, pasar diapositivas, fotocopiar y enviar el mensaje son formas de servicio. Pero fuera de la iglesia podemos servir por medio de la caridad y obras sociales. Por ejemplo, cuando llevamos alimentos a los más necesitados, cuando recopilamos y les damos ropa al que no tiene para vestir. También cuando le explicamos alguna materia a algún estudiante o ayudamos a alguien a buscar trabajo, etc. Todas esas son formas de servir. Hay tantas maneras de servir que no tenemos excusas en decir que no lo hacemos porque no nos dan la oportunidad.
Hay muchos buenos ejemplos de servicios entre los hombres, pero el mejor ejemplo que tenemos es nuestro Señor Jesús. Si queremos saber cómo podemos servir debemos aprender de la vida de nuestro Señor. Él sirvió a todos, incluyendo a las mujeres, gentiles y samaritanos, a quienes la mayoría de los judíos rechazaba. Jesús sirvió de día y de noche, por ejemplo, a Nicodemo lo atendió de noche. Jesús sirvió incluso a sus discípulos, que en teoría eran sus aprendices, un ejemplo claro es cuando lavó los pies de sus discípulos, aunque esta era una labor que hacían los esclavos. Jesús sirvió dando la palabra, pero también sanando y supliendo necesidades físicas (como la comida). Si queremos ser excelentes siervos debemos aprender de Cristo. Oro a Dios que podamos imitarlo.
Entonces, haciendo una síntesis, podemos decir que hay básicamente tres aspectos para ser grandes en Dios (1) ser humildes (2) interesarnos por el prójimo (3) servir a todos. Y me gustaría aclarar que, aunque yo los expliqué por separado, estos tres puntos están muy ligados entre sí. Alguien que es humilde, naturalmente también muestra interés por los otros, y a su vez, va a servir a todos. El fruto de la grandeza ante Dios es como una mesa compuesta de tres patas. O existen las tres, o la mesa se cae.
Y solo quiero comentar, antes de finalizar, que la bendición que hay en la grandeza de Dios, no necesariamente se traduce en prosperidad terrenal, la mayor bendición de que alcancemos grandeza ente los ojos de Dios la gozaremos, por su gracia en el reino de los cielos. Pero hay muchos testimonios de que Dios también bendice terrenalmente a aquellos que alcanzan grandeza frente a él. Y me gustaría comentar el caso de Corea del Sur. ►Este país en los años 50’s estuvo en guerra y fue desbastado y alcanzaron niveles de pobreza muy críticos. Sin embargo, los coreanos tuvieron un corazón como el que hemos aprendido hoy, porque ellos fueron humildes, y parte de esa humildad se refleja en que ellos aceptaron el evangelio de Jesús. Pero luego a pesar de no tener nada material que dar se interesaron por los demás y comenzaron a salir como misioneros a otros países. Es verdad que muchos coreanos solo salieron como inmigrantes, pero miles de ellos salieron con el propósito de ayudar con la palabra de Dios a otros pueblos y servirles. ¿Cuál fue el resultado? Dios hizo un milagro económico con esta nación. Así llaman los economistas a Corea del Sur: “el milagro económico”. ►Hoy día esta nación es una de las potencias mundiales, a pesar de que no tiene muchos recursos naturales como los países de Latinoamérica. Y si me preguntan a mí, opino que es una bendición de Dios porque ellos hallaron grandeza ante los ojos de Dios.
Yo los animo hermanos, a que tengamos deseo -como los discípulos- de ser grandes, de ser los primeros. Y en consecuencia, a que procuremos esa grandeza a través de nuestra humildad, amor por el prójimo y servicio a todos ¿se imaginan cómo sería nuestro país y el mundo hiciéramos estas tres cosas? Oro que el fruto de nuestra grandeza podamos disfrutarlo por la gracia de Dios en el reino celestial y que si es su voluntad también tengamos prosperidad en esta tierra. Amén.
ARCHIVOS PARA DESCARGAR
|
[25.Oct.2020]_Dominical-UBF-Argentina_(LUC_9..46-62)-Mensaje.pdf
|
FOROS UBF ESPAÑOL
-
M. Marcos Kim (AR)
( 20 de noviembre de 2020 )
Hasta ahora se han realizado 0 comentarios...